“No hay cuerpo sin ficción”: artículo sobre disidencia sexual y activismo artístico en Revista de Performance

Compartimos un artículo titulado “No hay cuerpo sin ficción: por una representación de la disidencia sexual en Chile” que recoge una revisión crítica del activismo de la CUDS. El artículo -en inglés el original- está publicado en la edición del segundo semestre de la Revista del Hemespheric Institute del año 2013.

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No Body without Fiction: Towards a Representation of Sexual Dissidence in Chile

FELIPE RIVAS SAN MARTÍN AND JORGE DÍAZ FUENTES | UNIVERSIDAD DE CHILE, COLECTIVO UNIVERSITARIO DE DISIDENCIA SEXUAL

Advertencia:

El siguiente texto es un híbrido entre una defragmentación textual programada y un manifiesto colectivo que tiene como objetivo entregar algunas reflexiones sobre la emergencia de una política de disidencia sexual chilena. Los siguientes párrafos establecen un posicionamiento situado desde CUDS, Colectivo Universitario de Disidencia Sexual en el actual paisaje posdictatorial Chileno.

La Disidencia Sexual

La Disidencia sexual implica una apuesta crítica a las políticas que gobiernan nuestros cuerpos, subjetividades y todas las representaciones que se improntan sobre ellos. Por esto mismo la Disidencia sexual va más allá de la visibilización de las problemáticas que inscriben a ciertos cuerpos como minoritarios o excluidos: pretende interrumpir las lógicas de representación hetero y/o homonormativas, a diferencia de las prácticas de la diversidad sexual que se conforman con una comunicación horizontal con el Estado. La Disidencia sexual no busca la normalidad de sus prácticas a través del matrimonio entre parejas o a través de la adopción de hijos. La Disidencia sexual no tiene una verdad sexual que deba develar, así que no confía en el clóset como experiencia sino que promueve la destrucción del armario homosexual como categoría de opresión epistemológica. Así también la Disidencia sexual cuestiona la supuesta coherencia de un orden sexual que se responde a sí mismo en el binomio hombre/mujer al apostar, más bien, por un tránsito que trastoque y desestabilice tales categorías. La Disidencia sexual genera relecturas con el feminismo que deconstruye los referentes de una identidad única y modélica, dialogando con la teoría queer y los estudios postcolonialistas. Sin embargo, también genera tensiones y distancias con la fracción más identitaria y naturalizante del feminismo, al cuestionar sus representaciones unívocas del ser “mujer”. La utopía de la Disidencia sexual es que el género sea destruído. La Disidencia sexual entiende que las demandas y peticiones a un Estado que vigila y controla no son una estrategia que fracture los órdenes de exclusión que construye el actual sistema económico y sexual. Es por eso que la Disidencia sexual apela a las prácticas micropolíticas del cyber-activismo, la post-pornografía y la parodia del drag como dispositivos disruptivos que ofrecen alternativas a la bipolítica imperante.
Sobre CUDS:

Colectivo Universitario de Disidencia Sexual, CUDS

CUDS es un colectivo con más de diez años de activismo en Chile que ha trabajado insistentemente en la localización de lo cuir/queer, en la experimentación estética feminista y en prácticas de micropolítica de resistencia. El trabajo de CUDS se mueve entre la producción teórica, la intervención en el mundo de la academia y la irrupción de los imaginarios sexuales normativos. CUDS es un colectivo sin adscripción institucional. CUDS no tiene una historia lineal. Hemos sido comunistas acérrimos, en otros momentos anarquistas o queer. Somos la versión frígida y posmoderna de algún partido feminista radical. Activistas post-feministas desplegando oposiciones, instalando ficciones, demandados por nuestras grupos conservadores de la derecha chilena por nuestras performances.

Somos un colectivo interrogando nuestros imaginarios normativos sobre el cuerpo y la sexualidad desde Santiago de Chile.

La trampa contemporánea del capitalismo tardío es justamente organizarnos el cuerpo en resistencias individuales desde donde pudiéramos hablar.

Un cuerpo desde donde debiéramos habitar. Somos activistas posfeministas implicándonos en el derecho al aborto con nuestros vientres estériles y nuestros deseos confundidos.

Mientras algunos trabajan en la clasificación y taxonomización, nosotros estamos aquí con nuestros cuerpos desobedientes para romper la tradicional diferenciación de género y sexo que hasta hace poco nos parecía constituir.

Cuando ellos dicen “diversidad”, nosotros insistimos en decir “disidencia”.

Cuando enunciamos la “Disidencia Sexual” en Chile nos referimos a una posición de singularidad. Disidencia Sexual nos sitúa a una distancia radical y crítica de otras formas de la política sexual tradicional, como lo es la “diversidad sexual”. “Diversidad” remite a una semántica inocua y multiculturalista de la tolerancia cómplice del mercado neoliberal.

En el sistema de producción posfordista, se valorizarán las diferencias y las especificidades del “gusto”, como posibilidades de diversificación de los nichos de mercado, en contraste con la producción estandarizada del fordismo clásico, que impuso la heterosexualidad como norma. El mercado gay no es un ejemplo de apertura, sino el efecto predecible de esa necesidad de diversificación de nichos, aplicada a las subjetividades sexuales. El modelo económico no reprime la diversidad, sino que la promueve.

Disidencia Sexual denota una resistencia constante al sistema sexual imperante. A su hegemonía económica y su lógica postcolonial.

Aún cuando la Disidencia Sexual muestra algunas coincidencias con ciertos postulados de la teoría y la política queer, nosotros rechazamos el término “queer” como una palabra que otorgue un sentido absoluto a las prácticas críticas en el espacio local de América Latina. Nosotros no asumimos el término queer como estrategia de autorrepresentación identitaria en América Latina, porque al enunciarla en nuestras geografías culturales, esa palabra pierde su carga política y contestataria. En segundo término, porque situar las prácticas sexo-disidentes chilenas bajo la nomenclatura de “queer”, ignora las genealogías diferenciales de los procesos locales, que no han seguido los mismos recorridos políticos, estéticos o reflexivos de las políticas y las teorías norteamericanas. Pero al mismo tiempo queremos comprometernos críticamente con las políticas queer, porque en esas ideas, podemos prever un cambio en la representación de los cuerpos subalternos.

Somos los hijos bastardos de la postransición democrática chilena, nacidos en respuesta a la institucionalización de la política gay y la cooptación de los movimientos sociales por parte del Estado.

Disidencia Sexual desafía la idea de un poder subversivo concedida a una identidad determinada (ya sea lesbiana, gay, queer, homosexual, marimacho, cyborg, travesti, mestizo, intersexual, transgénero, drag, mama-drag). La subversión del sistema sexo/género o heteronormativo no está vinculada de antemano a un modelo de identidad o una figura subversiva particular, sino a la relación crítica y radical entre una práctica y su contexto. Lo que hoy es transgresor, mañana podría llegar a ser fascista. No creemos en la vanguardia queer. Tampoco en un Mesías Queer. ¿Cuál será nuestro futuro? No tenemos la respuesta. Tal vez ni siquiera queramos saberlo.

Somos disidentes sexuales que trabajamos en el fragmento, y rechazamos la idea de totalidad.

Un Sur doble

CUDS trabaja en un doble sur.

La idea del Sur es nuestra posibilidad de rechazar y poner en tensión las ideas normativas acerca del sexo, el género y el deseo. Se tratarán de evaluar las posibilidades de transformación que nos ofrece una geopolítica de las sexualidades, donde la referencia a un “Sur” no está basada en la mera pertenencia identitaria y esencialista de un sujeto al territorio latinoamericano, sino en la tensión que puede provocar ese “Sur” frente al discurso hegemónico poscolonial expresado en el afán internacionalista de lo queer que ha intentado codificar todas las disidencias sexuales (incluidas las situadas en América Latina), bajo paradigmas de lectura producidos en los centros metropolitanos del arte y el saber.

Tácticas de ficciones sexuales del sur

“Cuando nuestras preguntas tienen resonancia directa con su momento histórico, cuando se nos vuelven imprescindibles, y nos remecen el cuerpo, y nos desbordan, y se nos presentan a ratos como experiencias de lo ininteligible, solo entonces podemos decir que aquello que insistimos en llamar arte, prácticas fugitivas de la inutilidad, pueden realmente impugnar sentidos de rebeldía y disidencia”- Tomás Henríquez Murgas

Las ficciones sexuales son una importante estrategia para imaginar la posibilidad de una política sexual no normativa. Somos activistas disidentes sexuales y posfeministas, principalmente de Chile, que trabajamos en interrumpir el imaginario consensuado de la realidad con provocaciones irónicas que tensen el estatuto de aquello que se nos impone como lo real. Como en una política corporal del desuso, hemos sido educados en una lógica binaria que ya no nos resiste ni el cuerpo ni las ganas. Sin embargo, siguen las necesidades de entender—ya no de manera lineal—cómo es que podemos traducirnos esta historia que nos contiene este cuerpo que tenemos. Un cuerpo desacomodado en las prácticas normativas de una historia lineal, normativa, masculina, hegemónica. En nuestra búsqueda por una resistencia sexual hemos comprendido que existe la posibilidad de imaginar mundos posibles e inapropiables a través de la ficción sexual. Así lo dice la teoría feminista contemporánea.

Nosotros experimentamos con diferentes estéticas como el punk, el gore, el barroco, el post-porno y el teatro invisible, para crear materiales audiovisuales provocadores.

Una ficción sexual no es un concepto que se asocie a algo falso sino más bien es la posibilidad de poner en jaque nuestra idea normativa de “realidad”. Para ello hemos trabajado desde una colectividad que está siempre en el límite del aniquilamiento. Una colectividad que rechaza las categorías norte y el sur como los polos de un mapa que asigna cerebro y cuerpo según reglas anatomogeográficas donde el norte piensa y el sur es sólo cuerpo.

Usamos la performance como una estrategia política. Usamos nuestros cuerpos para desplegar interferencias, para “actuar” en una forma radical. Pero sabemos que nuestros cuerpos también son ficciones. Hemos perdido la idea nostálgica que entiende la performance como un cuerpo presente en acción, esa que piensa de manera auréatica al cuerpo sólo en el aquí y el ahora. En Latinoamérica, la necesidad de un cuerpo material en el arte de performance refuerza el estereotipo de lo latinoamericano como un continente donde “todo es cuerpo, naturaleza y sexualidad”: la relación directa e in-mediata entre un cuerpo (natural) y un observador. Por esa razón, nosotros registramos nuestros cuerpos y acciones, las editamos, las subimos a Vimeo o a Youtube. Y así, multiplicamos nuestros cuerpos y acciones hasta el infinito, convertidas en información desmaterializada disponible a ser descargada en el vértigo del espacio virtual.

Finalmente, nosotros rechazamos la categoría de una identidad latinoamericana estática, y también la idea de que el “Norte” es quien piensa y el “Sur” es el que siente; una identidad melancólica: sólo cuerpos, sin reflexión. Experimentamos con la posibilidad radical de las estéticas latinoamericanas para hibridar las categorizaciones tradicionales.

Vídeos de las acciones de CUDS: “Dona para un aborto legal”, “Rubias para el Bicentenario”, “Karol Romanoff” e “Ideología”

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