“Cuerpos y Ecología Queer”: Comentario a película Goodbye Gauley Mountain, lo último de Annie Sprinkle & E. Stephens

Goodbye Gauley Mountain: An Ecosexual Love Story es un documental autobiográfico realizado por las artistas y activistas ecosexuales Elizabeth Stephens y Annie Sprinkle[1]. Documentando la visita de Stephens a su natal Gauley Bridge, West Virginia, este proyecto examina como una pequeña comunidad norteamericana enfrenta ─de diferentes puntos de vistas─ una catástrofe ambiental y como un puñado de activistas queers utilizarán sus cuerpos para crear conciencia del daño al medio ambiente en dicha localidad. Comentario de Andrés Ibarra.

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Goodbye Gauley Mountain introduce problemáticas actuales del ambientalismo, ecología y sustentabilidad en West Virginia, una de las zonas más pobres de Estados Unidos. Para esto, sus realizadoras y protagonistas entrelazan una amplia diversidad de problemas atingentes a los principios de la ecosexualidad, la destrucción de los montes Apalaches y los orígenes Stephens, proveniente de una familia humilde que surgió gracias a la minería del carbón en Gauley Bridge. La minería del carbón es la principal fuente de energía eléctrica en esa zona, pero a la vez, responsable de la inescrupulosa devastación del bosque nativo. El trabajo de Stephens y Sprinkle busca de forma lúdica e irónica incentivar a la comunidad queer a hacerse portavoces activos de los problemas que atañen a la depredación del medio ambiente y la ecología.

La estructura del documental yuxtapone datos e información verídicos sobre la deforestación de los montes Apalaches con el lúdico activismo ecosexual que proponen las directoras. En medio de un desastre ambiental, Stephens y Sprinkle se embarcan en una relación romántica/erótica con la tierra. Imágenes de prácticas no-normativas como el “tree hugging”, “rock kissing” y “sky gazing” predominan en el hilo narrativo del documental, que culmina con un esperado matrimonio alegórico entre las protagonistas y los montes Apalaches. A través de estas prácticas performativas, las autoras apuestan a de-construir la frecuente alusión patriarcal de la tierra como ese “Otro” al que se puede dominar ─y a la vez, extraer recursos no renovables─ por una “tierra-amante”, a la que hay que preservar para mantener viva. Con esta propuesta ecosexual, las realizadoras se plantean lo siguiente: ¿es posible que el amor romántico/erótico con la naturaleza sea capaz de movilizar y comprometer al desplazar la concepción tierra/proveedora que ha llevado a su sobre depredación por parte de corporaciones multimillonarias?

Beth Stephens and Annie Sprinkle son artistas performistas cuya misión, tanto de género como artística, se ve reflejada en el imaginario del pensamiento ecosexual, una causa que tiene su manifiesto de principios más evidente en Goodbye Gauley Mountain. El documental evidencia la destrucción sistemática de los montes Apalaches a causa de la minería del carbón. Alrededor de un millón de hectáreas han sido devastadas, poniendo fin a parte importante del bosque nativo característico de esa región. A través de una investigación ambiental sobre las consecuencias de la minería del carbón en esa zona y la combinación de performances ecosexuales, las realizadoras buscan crear conciencia sobre el ecologismo. El movimiento ecosexual propuesto por Stephens y Sprinkle reclama hoy el derecho de vivir la sexualidad en un orden político distinto al capitalismo heteronormativo y en plena armonía con la naturaleza.

En Goodbye Gauley Mountain, se propone la ecosexualidad como una amalgama para conjugar el amor/deseo erótico de pareja con el amor y preocupación con la tierra, la erosión de recursos naturales que resultarían en una amenaza para las comunidades locales. En una celebración de diversas prácticas identitarias, Stephens y Sprinkle proponen ver a la tierra como una amante. Por ende, se propone desplazar la antigua asociación de la tierra como “madre” por un imaginario de la tierra como “amante”, ya que la familiar metáfora de la “madre” ha generado en la injusta crianza de niños malcriados que toman y extraen lo que la madre provee, causando deterioro y colapso en la madre proveedora. Al intercambiar los idearios “amante” por “madre”, también se quiere dar a entender que existe un cierto goce y un placer al cuidar de la tierra, ya que ─debido al abuso de la sociedad patriarcal─ ésta ya no es capaz de cuidar de nosotros.

La ecosexualidad, haciendo eco a las enseñanzas de Donna Haraway, apela a una queerización de la naturaleza[2]. Las sustancias naturales, los genitales y sus reacciones físicas pueden considerarse metáforas políticas cuya definición y control deben dejarse en manos de la naturaleza en vez de instituciones médicas y farmacéuticas heteronormativas. La ecosexualidad, es además, una respuesta a la necesidad de prestar atención a una proliferación de diversas practicas identitarias y sus políticas en torno a los modos de percibir el cuerpo y hacer sexo.

Stephens y Sprinkle usan diversas prácticas ecosexuales ─como tocar, acariciar y lamer tierra, vegetación y arboles─ que buscan poner énfasis en esta relación amorosa que propone la ecosexualidad. Para las realizadoras, el género es puramente performativo, un efecto de prácticas lingüístico- discursivas, como hubiese recalcado Judith Butler. De igual manera, el performance de Stephens y Sprinkle sugiere un género que se da a conocer solo en la materialidad de los cuerpos y su relación con la tierra. Lo que Goodbye Gauley Mountain pone como punto de partida no corresponde a los frecuentemente citados performances teatrales o escenarios que giran en torno a cuerpos transexuales o transgeneros, sino escenarios en que la naturaleza toma una importancia en procesos que operan en los cuerpos. “Nature is full of sensual delights,” nos dice Sprinkle mientras acaricias sus pies en el barro cerca de un arroyo en el cual Stephens toma un baño, el contacto sensorial con la naturaleza resulta una experiencia “Fulfilling, erotic. Massage the earth with your feet, have intercourse with the air you breathe. Eroticizing nature lubricates ourselves through life.”[3]

Para las artistas, la sexualidad es una parte natural de las relaciones humanas. Pero sin embargo, esta se ha ido des-naturalizando por medios de restricciones culturales y sociales impuestas por la heteronorma del patriarcado capitalista que se impone. Esta des-naturalización ha resultado en una alienación de nosotros mismo y con la tierra. Los principios de la ecosexualidad reconocen la necesidad de incluir de forma activa la tierra dentro del binomio del género “masculino/femenino”, las categorías bilógicas “hombre/mujer”, y las diferentes tendencias queer/lgbt. Los códigos de la masculinidad y de la femineidad se convierten en registros abiertos a disposición de la “tierra-amante”. Stephens frecuentemente cuestiona los tabús impuestos por la normatividad y reafirma la importancia de incorporar a la naturaleza en nuestras prácticas sensoriales. Así, por medio del pensamiento ecosexual, se busca perturbar al patriarcado post-industrial con lo que más le molesta: el cuerpo queer.

Muchas artistas performistas han desafiado los esquemas y normas de la realidad consensuada. Estas activistas ecosexuales continúan esta tradición del arte del performance. Por medio del humor, el nudismo, el erotismo y disfraces originales, Stephens y Sprinkle apuestan a la “inclusión” de la agenda queer para abordar temas tan diversos como lo son el matrimonio igualitario y la destrucción del medio ambiente. Finalmente, Goodbye Gauley Mountain busca desarticular dos utopías/distopías normativas que son la fundación estructural del sistema imperante: la familia heterosexual y el capitalismo post-industrial con sus terribles consecuencias para el medio ambiente. De igual modo, las directoras buscan revalidar la belleza y la importancia vital de una conexión personal y sensorial de nosotros mismos para con la naturaleza. Por medio de este documental las performistas nos recuerdan de lo limitado que somos como individuos en el contexto de un capitalismo salvaje que devora toda la belleza y vitalidad que una tierra-amante nos puede ofrecer.

Andrés Ibarra es Docente en lengua y literatura Inglesa. Master of Arts in Comparative Literature, King’s College London y Licenciado en Letras Inglesas, Pontificia Universidad Católica de Chile. Integrante del Taller Textos que Pulsen Carne, CUDS, 2013.


[1] Fue exhibido en el Ciclo de Cine Postporno en el Festival Cine B 2013.

[2] Haraway, Donna, Primate Visions: Gender, Race and Nature in the World of Modern Nature, Nueva York, Routledge, 1989.

[3] Stephens, Elizabeth & Annie Sprinkle, dir. Goodbye Gauley Mountain: An Ecosexual Love Story, Fegund Arts, 2013. Film.!5

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