“Aterrizar el pensamiento queer”. Columna de Johan Mijail

Hasta ahora sabemos lo que necesitamos, lo que exigimos. Hasta ahora sabemos que tenemos un inmenso dolor, pues intentamos mirarnos en el cuerpo que aparece en la televisión y no nos encontramos. No tenemos esas medidas, no tenemos ese color, no tenemos esa estatura.  Intentamos mirarnos en la televisión porque sabemos que dentro de esa pantalla hay algo que no nos acomoda.  Nos buscamos ahí porque hemos leído a Michel Foucault y sabemos que este medio de comunicación es el nuevo escenario donde operan las más inmediatas formas de construcción de la idea de sujeto y ahí tampoco nos reconocemos. Lo hemos leído para aprender críticamente que esa pantalla a través de las imágenes  y sonidos que emite intenta convertirse en un instrumento de regulación y control de la vida social, haciendo somática la idea de que existe un  pensamiento políticamente correcto.

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La miramos y detectamos lo que anteriormente hemos escrito porque este dolor es en el cuerpo y es un dolor  político.  Nos duele el cuerpo porque cada imagen y cada sonido nos tullen.  Nos sentimos como quien ha sido atropellado por un vehículo, la única diferencia es que esta violencia es simbólica pero igualmente devastadora.

Si miramos intencionalmente la televisión es porque sabemos que las formas de construcción y formación de cuerpo están en las informaciones y signos que transmite. Desde ahí se articulan las políticas reguladoras que hacen que nuestras identidades hoy sean utópicas, abyectas, insanas y desviadas.

Ponemos la televisión por cable y tampoco nos vemos, tampoco nos escuchamos, pues no hablamos inglés y no sabemos leer tan de prisa los subtítulos que ponen en las películas de Hollywood y las series de MTV.

Esperamos el espacio publicitario y nos pasa lo mismo. Esos cuerpos y productos que nos ofrecen tampoco se parecen a nosotrxs; ni físicamente, ni económicamente, pues no tenemos el dinero para poder comprarlos y ocurre que tampoco nos interesa.

Hacer estos reconocimientos nos permite detectar que la idea desesperanzadora de las víctimas tampoco nos implica. Si hoy estamos escribiendo es porque esa representación no nos contiene herméticamente, si hoy escribimos es porque nos hemos aferrado fielmente en la idea de que nuestras identidades, hoy utópicas, podrán ser en la realidad formas de irrupción en la vida. Aclarando, que no creemos en el futuro. Si nos descubrimos en el tiempo, sería en el presente, ya que, aquí, ahora, nos queda algo de esperanza donde reconocernos.

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Para ello hemos tenido que alejarnos de la zona de confort en la que devino el feminismo como teoría especializada en la opresión de las mujeres. Hemos tenido que acercarnos a una crítica transversal feminista de la opresión muchísimo más inclusiva como una teoría de la opresión corporal, racial, de género, sexual, económica, en busca de una transformación social más abarcadora. Hemos tenido que reconocernos en una revolución transfeminista donde encarar un rumbo que nos permita replantearnos la escena pública y de qué formas disidentes podríamos habitarla, dicho de otra manera, de qué forma nuestros cuerpos podrían aparecer sin esas condiciones de lo utópico y abyecto

Sabemos que no es suficiente salir y exigir políticas de acción afirmativa que permitan una irrupción en la forma en la que actualmente opera la democracia burguesa que nos oprime, y que motiva a que nuestros cuerpos no aparezcan en la televisión, pero también sabemos que estas formas de discriminación positiva se hacen necesarias cuando la urgencia de la vida nos exige un “aterrizar el pensamiento queer” en la colectividad de las políticas públicas. Beatriz Preciado nos recuerda, en este sentido, que nuestra lucha no es periférica, sino central al poder afectar la definición de la subjetividad, además, es imperdonable olvidar que cualquier acción política es fundamental en la búsqueda de reivindicaciones. Advierte que es vital que no pensemos que hay formas de acción política fútiles o que no son necesarias como las formas artísticas, o las formas teatrales, o las fiestas, o las orgías, o los carnavales, o el placer. La acción política está en muchos lugares diversos.

Ahora mismo, por ejemplo, estoy escuchando la televisión, y mirando la pantalla de esta computadora y el comentarista dice y asegura que “la mujer es más acercada a los sentimientos”, y ahí continúo insistiendo en lo que intenté abordar en este ejercicio de escritura, es urgente aterrizar el pensamiento queer.

MIJAIL 2Johan Mijail, Santiago de Chile, enero 2014.

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