El desborde de los cuerpos del borde, a propósito de la presentación de Agenda Kuir por Johan Mijail

Hacemos pública la presentación que hiciera el performer y activista feminista Johan Mijail para el proyecto Agenda Kuir 2014 un archivo en llamas realizado en la Federación de Estudiantes de la Universidad de Chile el día 4 de abril. Durante la presentación se dio a conocer el el FETO-ZINE elaborado por Colectivo Utópico de Disidencia Sexual CUDS
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Una llama es una masa de gas en combustión que sale hacia arriba de los cueros que arden y que desprende luz y calor. Es una fuerza o intensidad de una pasión o deseo. Pero también es el pariente sudamericano del camello, aunque no tiene joroba. Es un animal muy fuerte que fue domesticado por los habitantes de los Andes. Entonces, estamos frente a una supuesta confusión específica al no saber con exactitud de cuál llama tendríamos que hablar, pues el desborde de nuestros cuerpos está localizado en una intensa pasión deseante de luz y calor. Ponemos nuestros cuerpos en el espacio público y estamos a la vez desprendiendo luz y calor, pues pareciera que el disciplinamiento y el control que genera la idea de un cuerpo social normalizado nos naturalizó el espacio del borde. Fuera de ahí, parecemos peligrosos. Pues al desear con pasión estamos poniendo en evidencia el fracaso del proyecto neoconservador para no decir neoliberal donde la mayoría hemos nacido. También  hemos tenido que aprender a localizar nuestros cuerpos, como el de la llama, a ser el primo suramericano, pues las epistemologías que nos permiten reflexionar nos han llegado de muchos lados, por lo que hemos aprendido a domesticar el lenguaje, sin miedo. Aprendiendo que ningún texto es sagrado y que las herramientas de la escritura como tecnología, estarán siempre dispuesta para continuar escribiendo las ficciones de nuestra historia, que es siempre la del borde. Negra, pobre, inmigrante, disidente y dominicana.
También hemos tenido que aprender sobre  la solidaridad y el sentido que hemos puesto en los afectos para poder continuar desbordando, como en esta excusa de agenda que presentamos hoy, un tráfico de pensamiento feminista en llamas. Pues la escritura que aparece ahí, reitero, en esta excusa de agenda, es sin lugar a dudas epistemología subalterna. El descaro de la necesidad que sentimos de apropiarnos de lo que nos duele.
Cuando escribimos nos enfrentamos a una batalla dolorosa pero gratificante. Buscar dentro de nosotros lo que queremos decir es sin dudas algo despiadado. Debemos de simular que nos conocemos, que conocemos el entorno, tocando las supuestas heridas y victorias que hemos acumulado, que han acumulado los demás, escribir es indagar en la crueldad de la inquietud, de lo que nos incomoda, del compromiso que implica empoderarse del lenguaje, en pro de que el No Ser aparezca desde su disidencia y sin pactar con nadie formemos nuevas formas de habitar el planeta.
De que vale la pena sabernos en un futuro no heterosexual.  De que en el feminismo hemos inscrito y aprendido nuestros cuerpos y de que no hay naturaleza en él.
Por ello la necesidad de organizarnos para hacer notar una inconformidad al canon clásico de la corporalidad, intentando hacer aparecer la pluralidad de mundos que encontramos en el mundo que es cuerpo y que resulta ser, casi siempre, un espacio no habitado por nosotros, sino por la colonización  y la realidad normalizada a la que nos han inscrito sin preguntarnos. Además hemos aprendido  que la escritura también es un ejercicio de acción que permitirá, siempre, intentar comprender el cuerpo como un archivo político y cultural, distanciándose críticamente de las aproximaciones de este como corpus, templo, sede del poder soberano o como propiedad. Entonces, el cuerpo del que  siempre hablaremos no se referirá jamás al del plano biológico o al recurso natural, sino de un cuerpo en donde el poder ejerce desde estrategias biopolíticas  su vigilancia, control y castigo.
Si sabemos que hoy habitamos cuerpos resultado de un consenso en cuanto a que hay un cuerpo verdad y una representación que la abala. El cuerpo que creemos habitar no es cuerpo sino representación; imágenes, discursos médicos, estructuras de conocimiento que han construido un cuerpo social que deberá siempre de estar sano, ser hombre, ser blanco y heterosexual.
Entonces, somos cuerpos en llamas porque quemamos y mucho.
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