Las porno revolucionarias de un tiempo herido. Presentación CUDS a Calles caminadas de Eliana Largo

Las porno revolucionarias de un tiempo herido

Sobre Calles Caminadas, anverso y reverso, estudio y compilación por Eliana Largo

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Escribir porque creo en este ejercicio como un activismo político, por la necesidad de retratar nuestra propia historia y que no lo hagan otrxs que tienen el poder, el aparentemente “simple y neutral” poder de escribir.

Constanza Alvarez/missogina

 La siguiente presentación fue escrita y editada por Lucha Venegas, Cristeva Cabello y Jorge Díaz de CUDS. El texto fue leído el lunes 27 de octubre de 2014 en la Sala América de la Biblioteca Nacional. Participaron de la presentación: Lorena Fries, Alejandra Castillo y Jorge Díaz

 

“Deja de decir que me amas. Mejor estalla una bomba sobre esta mierda, estalla una bomba y hazlo en mi nombre” era el título de una performance que realizó el colectivo de arte feminista Ivaginario Colectivo en alguno de esos espacios de nuestros tiempos fracturados. Hay muchas maneras de hacer estallar bombas feministas me dijo alguna vez Eliana Largo en una de nuestras innumerables conversaciones por e-mail al saber que Calles Caminadas, anverso y reverso sería publicado. Hay muchas formas de hacer una bomba. Digamos una bomba metafórica o política. Digamos una bomba feminista. Una bomba al sentimentalismo romántico de ese amor heterosexual en el que somos educados, una bomba a la diferencia sexual, una bomba a la estructura que soporta esa diferencia sexual. Una bomba a la escritura de la historia. Este libro: una bomba. Calles Caminadas, anverso y reverso estudio y compilación de Eliana Largo es uno de los más importantes y profundos trabajos actuales sobre una historia escondida, una historia que aún no se asume como historia o que quizás desborda la historia misma escrita por hombres heterosexuales. Una cierta historia del feminismo que como el libro mismo expresa, se proyecta “más allá de las mujeres”. Es por eso que ahora, cuando imaginamos una educación no sexista, este libro permite comprender ese vacío que significa conocer a muy pocas mujeres en la historia de Chile, en la historia política del país. Porque hay que decirlo e insistir en esto: el feminismo sigue siendo un saber negado. No es sino por el activismo, por la curiosidad, la amistad y la rebeldía que llegamos a conocer sobre su epistemología, escritura y compromiso. Llegamos al feminismo por otros lugares, por otras calles, por otras arterias. De hecho por calles que no son arterias sino pasajes sinuosos del que hemos hecho nuestro vecindario.

Calles Caminadas, anverso y reverso, libro parte de la colección Fuentes para la historia de la república de la DIBAM[2] permite descubrir nuestras genealogías feministas donde mujeres dejan a sus maridos e hijos, se van de sus casas los sábados en la tarde y se reúnen clandestinamente. Una genealogía donde feministas se oponían a ser subyugadas por el partido. Precisemos: donde solo algunas feministas se oponían a ser subyugadas por el partido. If a woman rebels she is a mujer mala decía Gloria Anzaldúa pensando en las fronteras de la mujer. Mujeres malas y mujeres locas. ¿Dónde estaban las feministas en la historia, dónde estaban estas mujeres malas?.

Sentimos como una violación a nuestro derecho a la información el que se niegue esta historia de mujeres que en los años treinta exigían aborto gratuito, cuestión impensable hoy cuando desde los centros del poder, mujeres políticas en un intento progresista humillan su feminismo ante una nueva mayoría que sólo nos promete aborto en casos de violación o cuando el feto no tiene cerebro ni ojos, ni vísceras ni corazón. Nunca nadie nos contó que en los años 30 había una mujer que salía de su casa sin tener espejo, que no necesitaba mirar su propio reflejo para reconocerse y que eso fuera una micro-revolución. Nadie nos dijo antes que Elena Caffarena no tenía espejos en su casa. “Elena escribió sobre aborto, piensa tú que nosotros tratamos el aborto en el treinta y nueve, en el treinta y ocho o treinta siete, fíjate, el aborto (…) La Elena planteó el aborto gratuito, los anticonceptivos, el divorcio vincular” dice Elena Pedraza [3].

Aborto para todas, esto debe estar escrito en la historia.

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Nunca diga feminismo en singular

 

Nuestra historia no es ni unívoca, ni lineal ni nominal ni resumible. Si afirmamos que en un momento dado el feminismo, así, como si fuera un ente, se institucionalizó y decidió priorizar los intereses de las mujeres burguesas, blancas y heterosexuales, estaremos negando a todas las feministas autónomas, obreras, radicales, putas, gitanas y lesbianas que operaban en dicho momento.

Itziar Ziga

 

¿qué significa que unas feministas queer, con menos respeto que historias, más bien desbordadas y desubicadas a la estética militante presenten este libro que nos habla de la historia de las mujeres y el feminismo en Chile? ¿Por qué aquellos que desconfiamos de la identidad como dato dado, que hacemos de aquella desconfianza nuestro activismo, algunas de nosotras que somos unas malagradecidas con un cuerpo de hombre que ni tanto nos contiene porque ni tan hombre somos, estemos presentando Calles Caminadas, anverso y reverso estudio y compilación de Eliana Largo? Como no tenemos respuestas ni certezas sino más bien ciertas dudas o tomas de posición, me atrevería a decir que lo presentamos porque nos implicamos en el feminismo y en la política de la amistad. Pero esta política de la amistad no queremos explicitarla como una más de las posibles estrategias que a manera de receta nos impone la política partidaria. Agenciamos esta amistad como experiencia de resistencia que pone en cuestión el régimen económico-sexual que se nos impone como in-abortable. Porque lo que incomoda actualmente no son las relaciones personales que el modelo liberal nos ha enseñado, esto es, pareja, amor romántico, familia o matrimonio al que el mundo de la diversidad sexual quiere asociarse. Lo que molesta es la posibilidad de crear lazos de afectos, solidaridades, redes de apoyo y tráfico de información difíciles de definir según sus cánones humanistas. Cánones que tienen muy pocas posibilidades. Nuestro activismo es uno hecho de tiempos donde las generaciones pueden convivir, donde tenemos la posibilidad de compartir.

Existe un relato dentro del feminismo que separa los momentos de la resistencia en las categorías de lo obsoleto y lo nuevo. Pre y Post. Sin embargo, no estamos de acuerdo con aquellas lecturas que establecen ciertas prácticas del feminismo como obsoletas. Quizás porque dudamos del relato del tiempo y su trampa de convertir todo en un pasado sacramentado o puro. O lo que quizás es peor, de construir un futuro reproductivo y heterosexual en toda la intensidad de régimen que tiene la palabra. Nosotras habitamos un tiempo herido.

 

Entendemos el feminismo como aquel conflictivo espacio creativo donde estamos resistiendo a la insolencia patriarcal y a la desigualdad estructural del cuerpo de las mujeres—como nos recuerda insistentemente Eliana Largo—tomando diferentes soportes y lugares. El feminismo es necesariamente el lugar del conflicto, de la negatividad y muy importante, del desborde. Un espacio de alianzas propias e impropias.

Entonces pensamos en cómo abordar esa violencia estructural, qué tipo de activismos activamos, en definitiva, qué calles caminamos. Ahora bien, tenemos—debemos decirlo—una desconfianza al cómo es la representación de estas dimensiones estructurales de la violencia en ciertos activismos feministas. Qué estéticas implican cierta pertenencia a las tecnologías del poder que este mismo sistema instaura para repetirlo. Unas estéticas militantes que no cesan en clausurar posibilidades de feminismos articulados desde otros lugares, donde no tenemos genitales que revisar. Un feminismo de solo mujeres que finalmente termina por volver obvia la sentencia de la estigmatización de la violencia o la figura de la mujer como víctima sin querer revisar las prácticas binarias en las que podemos caer a menudo.

Sí continuamos pensando la política como la piensa la masculinidad dominante no podríamos reconocer el valor de mujeres organizadas en dictadura, reunidas frente a un espejo, hablando de su cuerpo. Sin Calles Caminadas, anverso y reverso no comprenderíamos la radicalidad y la irreverencia de un feminismo que exige la emancipación, no la libertad, ni la autonomía, sino esa peligrosa emancipación, “hablar de emancipación era hablar realmente de algo que parecía muy obsceno”[4]. Un feminismo que se emancipa de la familia, que emancipa el ano, el clítoris, un feminismo que hace exponer nuestras vergüenzas. Una emancipación que parece un concepto demasiado nostálgico para retomarlo, pero contiene toda la revolución feminista que vuelve hoy al feminismo un foco de inspiración para movimientos sociales.

El feminismo no necesita de partidos que lo cobijen.

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Sin temor disciplinario

 

Calles Caminadas, anverso y reverso estudio y compilación de Eliana Largo es un libro que en la voluminosidad de sus 552 páginas no le teme a las diferentes tecnologías de la representación como plataformas para la transmisión del conocimiento feminista. Del relato audiovisual (el documental que dio origen al libro) y su posibilidad masiva de difusión, pasando por la entrevista como género dialogante, abarcando la escritura de la antropología como disciplina que evidencia las huellas del fenómeno humano, hasta las imágenes como registro de un archivo visual que quiere contener la memoria de la fugacidad de los instantes que se van pero que dejan historia, son algunos de los espacios por donde se mueve este libro. Una pluralidad de plataformas que no le teme a los riesgos disciplinarios de los géneros ni a las cualidades básicas que ellos deben cumplir para ser considerados como tales.

Ahora bien, el libro toma al diálogo, materializado en las entrevistas que dieron origen al documental Calles Caminadas, como metodología clave en la constitución de este trabajo. Así, el libro apela a esa tecnología que nos dice qué ocurre entre una pregunta, una voz, una interpelación y su interlocutor. Habría que notar que tal como nos dice Eliana Largo en la presentación del libro, cada entrevista fue editada con los comentarios que los entrevistados creyeron o no, debían estar. Una metodología feminista que nos dice que los mensajes nunca son transparentes y que las mediaciones entre lo que se dice, lo que se cree decir lo que se piensa o enuncia tiene siempre posibilidades de edición.

El libro muestra con gran detalle los recorridos que nos permiten entender desde una antropología de ojo desviado, es decir, una antropología que rechaza la vitro-cracia u ocularcentrismo de los macro-relatos de la historia, las fallas fundantes de nuestra cultura occidental entregándose al estudio de otras culturas donde el sexo no siempre es castigo.

No puedo dejar de establecer una línea, o más bien un nudo como diría Julieta Kirkwood, de este libro con otras producciones que no se niegan ni la palabra ni el ímpetu de tráfico que el feminismo establece. Pienso en La cerda punk de Constanza Alvarez/missogina y su feminismo gordo como crítica a los límites corporales de la belleza o Ars Disyecta de Alejandra Castillo que propone en aquellas representaciones feministas del sexo una corpo-política de enunciación disidente. Y por qué no las escrituras porno-feministas que irrumpen la cadena acomodaticia de la sexualidad sólo como economía del placer de Enciclopedia del amor en los tiempos del porno de Lucía Egaña y Josefa Ruiz Tagle.

Es algo que no siempre ocurre. No podemos pasar por alto esta unión de escrituras feministas que están agitando nuestro activismos hoy en Chile.10257942_285097941697975_7553286604312013152_n


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Nuestras calles caminadas

Recuerdo cuando vi la fotografía de la primera aparición pública del movimiento feminista en Chile. Recuerdo muy bien esa imagen. Estábamos en los talleres de poesía moda y pueblo que dirigía el poeta Diego Ramírez en ese espacio lleno de rebeldía llamado Carnicería punk. Recuerdo que por muchos años esa imagen era para mi la representación del feminismo en Chile, quiero decir: esa imagen era para mi el movimiento feminista. Pienso lo importante de las imágenes y la astuta decisión de poner esa imagen como portada del libro. Una imagen de la heroica lucha de mujeres que en el año 82 en plena dictadura, hacían su política, publicando boletines con información sobre la masturbación, siendo calificadas de “porno revolucionarias.”[5] Emancipación de la letra, emancipación del cuerpo. Es la escritura y la reflexión feminista la que se encuentra vetada, es este pensamiento social y político el que se encuentra acallado, esta publicación es un acto de generosidad que sólo una activista como Eliana Largo pudo contener, en una historia que se proyecta desde principios del siglo pasado y que continúa activa hasta la actualidad con actos que siempre están entre el error y el desborde, como fue la toma de la catedral de Santiago en la primera marcha por el aborto libre en julio de 2013.

Somos porno revolucionarias porque el hacer justicia de los sexos es hacer una revolución, una revolución contra la normas de género que se imponen en la familia, en el trabajo o en la escuela.

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El activismo que nos implica, en el que ponemos el cuerpo, activa unas calles caminadas por donde nos manifestamos. Calles trans-feministas desbordadas en la errancia insoslayable de un nomadismo fundamental y necesario. Calles quebradas que han hecho desembocar nuestros cuerpos a urgentes des-encuentros feministas, a perder nuestra supuesta identidad.

 

Calles Caminadas donde nos encontramos, quizás más en el reverso que en el anverso de esta historia extraña.

 

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En la Fotografía: Lorena Fries (Directora Instituto de Derechos Humanos), Alejandra Castillo (filósofa feminista), Jorge Díaz (Biólogo feminista, CUDS), Eliana Largo y Jachi (Odessa).

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

[2] Dirección de Bibliotecas, archivos y museos de Chile (DIBAM)

[3] Calles Caminadas, anverso y reverso. DIBAM, 2014 pág. 93

[4] Ibid 3, pág. 101.

[5] Ibid 3, pág. 155.

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