Revueltas escriturales: El lenguaje y la escritura como zonas de luchas.

Presentación del fanzine “Desmontar la lengua del mandato. Criar la lengua del desacato. Diálogo trans-fronterizo con valeria flores entre Jorge Díaz Fuentes y Tomás Henríquez Murgas”.

Por Lucha Venegas

El tiempo que habitamos es una ficción en disputa. Si bien nos han forzado a pensar que el tiempo es linealmente coherente, y que existiría algo así como “el” tiempo, lo cierto es que eso se basa en su-poner el tiempo de la burguesía y la hétero-reproducción como referencia de la existencia. El tiempo de la élite no es sólo un peligro para nosotras. También lo es para la existencia de otras especies y razas. Lo es también para el limitado organismo en el que vivimos llamado Planeta Tierra. El tiempo de la élite y de la heterosexualidad no es el nuestro y no tenemos por qué soportarlo.

Los astrónomos, físicos y filósofos han demostrado que el tiempo no es uno sólo. Basta mirar lo que denominamos cielo para notar las estrellas. Por cómo nos han enseñado/impuesto entender y habitar el tiempo, cuando admiramos las estrellas creemos que son cuerpos celestes similares a la estrella más cercana junto a la cual con-vivimos: el sol. Sin embargo, lo que vemos no son soles más lejanos, son momentos de nuestros pasados en el universo –se nos olvida que en parte somos polvo de estrellas, capas de pasados inconmensurables de una antigua luminosidad ancestral que continúa formando parte del firmamento al que podemos acceder y maravillarnos aunque cada vez menos por la contaminación, por lo que perdemos perspectivas y fundamentales puntos ciegos. Co-habitamos en/con el pasado. Además podemos vivir el futuro –en general se da en paralelo. El presente es con-vivir con el pasado y el futuro. Pre-vemos violencias y catástrofes que ocurrirán (y están ocurriendo) en el futuro. Ejemplo de ello es el cruel listado que a modo de premonición se realiza año a año con las especies de animales que desaparecerán a causa de “nuestro” sistema de re-producción hétero-capitalista. Pero a pesar de estas bellas y sublimes capacidades que tenemos, podríamos decir, de modo “natural”, es decir, es parte del equipaje de capacidades con el que aparecemos como organismo cuando existimos en este tipo de especie animal; a pesar de los bellos mundos que podemos generar y posibilitar, la existencia de nuestra especie no es fundamental para la tierra y ni para el universo; existencias ínfimas a gran y pequeña escala, insignificantes para la permanencia y armonía del cosmos. Bien podríamos desaparecer como especie humana y nadie se enteraría en el universo.

El organismo que llamamos Planeta Tierra bien puede ser lo que en el colegio aprendíamos a imaginar como átomos. Existencias reales pero que había que imaginar. Demasiado pequeñitas para ser vistas por creaturas de nuestra escala, pero estaban ahí, aunque nunca las pudiésemos ver con los ojos pero sí con la mirada de la imaginación –sin la cual las ciencias y las teorías no podrían existir. Así es nuestra existencia en el universo. Tal vez nadie más las puede ver excepto nosotras, por eso para nosotras son importantes. Y como señalan algunos astrónomos, tal vez hay existencias que también buscan a otras existencias como buscamos nosotros en el universo, pero tal vez nunca nos encontrarán. Es como lo que les ocurría a los físicos que buscaban en los micro universos (también inmensas e infinitamente desconocidos) existencias que no podían ver, tal vez por lo inconmensurable y abismalmente pequeñas como los átomos.

Quizás cuántos mundos y existencias que habitan en los átomos que imaginamos (y en el que habitamos) se están tratando de comunicar con nosotras u otras existencias de impensables escalas. De ahí que los encuentros de seres y voces como las que aquí dialogan sean un importante micro acontecimiento cósmico-político de escalas inconmensurables. Espesor político e intensa densidad del lenguaje que impregnan los diálogos críticos y situados de las voces activistas que se dan cita en este pliegue del universo sostenido/contenido en un fanzine. Existencias en disputas que he tenido el placer y gracia de conocer, vincularme y convivir en la extrañeza de tiempos y lenguas [im]propias. Encontrarnos y dialogar. Compartir las modulaciones tentativas de las palabras con la que nos construimos y des-construimos una cuerpa insoportable para el tiempo heterosexual re-productivo que dictatorialmente se instaura como “el” tiempo –el cual debemos abortar colectivamente.

En este contexto me gustaría ubicar mi comentario del fanzine “Desmontar la lengua del mandato. Criar la lengua del desacato. Diálogo trans-fronterizo con valeria flores entre Jorge Díaz Fuentes y Tomás Henríquez Murga”. Como señalan en el prólogo los translocutores de este lado de la Cordillera de Los Andes, “pareciera, según nos ha enseñado la industria del libro, sus mafias editoriales, y su costosa copia seriada, que tomar la palabra es una empresa reservada sólo para unos pocos”. La palabra se encuentra confiscada. Pareciese como natural el que sea una característica propia de la burguesía o de la academia. En Chile se confunde muy rápidamente a alguien que escribe con un burgués y/o un académico. El escribir está asociado a un privilegio. Algo tan básico y vasto como el lenguaje, apropiado sólo para unos pocos.

Así, las lenguas dialogantes en este fanzine, hacen de la toma de la palabra una revuelta política que trans-agrede el orden pre-establecido que se arroga la autoridad de distribuir las voces correctas en cuerpos apropiados. Como señala Oscar Wilde, toda autoridad embrutece y empobrece las lenguas. No soporta que nadie la cuestione. Colonizadoramente en estas tierras, sólo permite ‘lenguas claras’. Las lenguas de raza sospechosa, lenguas que titubean, lenguas entremezcladas, lenguas oscuras son censuradas, perseguidas y criminalizadas. Estas son las lenguas que se entrecruzan en estos diálogos como si se requirieran y buscaran vitalmente.

LENGUAS

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Las lenguas que aquí dialogan lo hacen en un modo críticamente denso, tiempos que se asaltan con posicionamientos teóricos tentativos, pero fatales para ciertas lógicas normativas. No se establecen verdades, se asestan cuchilladas a los mitos incuestionables de la cultura occidental que siente el llamado de su ethos a colonizar los mundos.

Lo que soporta el fanzine “Desmontar la lengua del mandato. Criar la lengua del desacato” (editado por la anarquista y disidente Editorial Mantis, con quiénes compartimos articulaciones activistas y licenciosas) es densa intimidad crítica de lenguas trans y fluidos en múltiples e intensas tomas. Lenguas propias y ajenas con las que nos escribimos, nombramos y disputamos. Lenguas quiltras con precedentes de voces que reverberan incluso antes del masculino logo occidental. Lenguas que politizan el daño que las constituye haciendo de sus heridas y daños teorías que destellan posibilidades incendiarias para la naturalización, normalización, institucionalización y sacralización del régimen hétero-capitalista que impone, so pena de castigos, un modo obligatorio de habitar la sexualidad encadenada a la reproducción –la imaginación sexual reducida al nefasto formato de la familia y al pobre guión heterosexual.

Digo lenguas trans para designar las voces que aquí se evocan/invocan, voces que lenguan decires impronunciables e incorrectos para cuerpos de hombres y mujeres. Generalmente cuando nos pensamos, suele fluir naturalmente el hacerlo como hombres o mujeres. Luchar por desarticular y desarmar tal naturalismo es urgente –por ejemplo, cuando se habla de educación sexual suele hablarse de educación para hombres y mujeres. Pensarse de modo trans, intersex o lesbianas de distintos sexos se vuelve un imposible. Sin habitar en el afuera del género, las lenguas que aquí se baten no son de hombres ni de mujeres, aunque los pechos, los pelos, las caderas y sus vaivenes “demuestren” lo contrario. Invitando a imaginarse deviniendo lenguas, valeria propone “pensarme por fuera del binarismo hombre-mujer, a convertirme en políglota del significante lesbiana, y activarlo desde lugares heterogéneos, hasta muchas veces antagónicos a los que son pensados por las propias lesbianas”. Ponernos en cuestión. Escribir contra-nosotras mismas. Irrumpir y alterar las narrativas que nos des-componen y escriben el cuerpo con una biografía que nos destina al cumplimiento binario del género y la hétero re-producción.

Escritura como zona de batallas

Los activismos feministas que hacen posible este fanzine no se privan en hacerle frente al poder normalizador de las sexualidades y cuerpos reducidos a la reproducción hétero-capitalista. La escritura se alza como zona de disturbios y revueltas al orden hegemónico y su contrato social-sexual. No es casual que la primera pregunta que inicia este inacabado diálogo sostenido y contenido en el fanzine “Desmontar la lengua del mandato. Criar la lengua del desacato” sea justamente una pregunta que cuestiona la censura al escribir[se]/nombrar[se] activista, una censura que re-instala y consagra la autoridad que dirá hablar por nosotras y nombrarnos de modo y manera cierta. Este teorizar-se se alza como micro-revuelta que busca dañar profundamente al poder normalizador y totalizante y, al unísono, posibilitar modulaciones escriturales de los silencios, heridas y daños a través de los cuales nos ha constituido la norma. Junto a Deleuze sabemos que por naturaleza la teoría está en contra del poder. Estas escrituras, como señala valeria, “no buscan ni revelan verdades, sino que experimentan una política de la lengua como gesto de di/inter/ferir algunos lenguajes más ortodoxos”. “Rehusar la lengua del colonizados y atizar, a su vez, la lengua de la revuelta”. O como señala Jorge Díaz, “interrogar los léxicos con los cuales nos damos un nombre”.

En estos diálogos críticos la escritura aparece como lo que es: un campo de batallas, zona de resistencias, disputas, experimentación, toma de la palabra que incomoda y molesta a la oficialidad de autoridades, profesionales y técnicos (y a quienes aspiran a convertirse en ellos) que ven mermado su campo de jurisdicción y gobierno escritural. Estas activistas deslenguadas problematizan las censuras que consideran a la escritura como un campo sin importancia y de bajo calibre para la intervención, resistencia e imaginación política. Esa censura (incluso sostenida por [presuntos] activistas feministas y disidentes sexuales) suele reforzar la autoridad normalizadora del escribir y nombrar, desconociendo, como señala Tomás Henríquez las múltiples “formas de interrupción que las innumerables morfologías del activismo de disidencias sexuales en el sur han logrado posicionar como estrategia”. La toma de la palabra y las revueltas escrituras continúan siendo peligrosas para la hegemonía del hétero-capitalismo. Escrituras, textos, publicaciones, fotocopias, continúan siendo peligrosas para el régimen hegemónico, por algo la dictadura cívico-militar-empresarial los quemaba en las plazas públicas. De niña eso me impresionaba mucho, las fogatas en las calles y camiones desbordados de escritos que arderían por peligrosos para el régimen.

Por algo la cruenta dictadura cívico-militar-empresarial chilena quemaba en la hoguera pública textos, libros y publicaciones que agitaran otros mundos que no necesitarán de la violencias (en la misma donde la Iglesia Católica quemaba a mujeres y sodomitas)

A la escritura como zona de revueltas y batallas de sentidos se le aborda a través de las tecnologías colonizantes que exigen el blanqueamiento de las lenguas. En dicho proceso se las obliga a pasar por los estándares racistas de la “claridad del lenguaje”, descartando y desechando las lenguas que teorizan las opacidades, contradicciones, zonas difusas y heridas, con reverberaciones, modulaciones e invenciones de palabras y lenguajes que se entrecruzan para de-formar la claridad como única posibilidad legítima y posibilitar lenguas oscuras y anegradas que como refiere Jorge Díaz impulsen la “construcción de un conocimiento local por hacer”.

Algo tan básico como escribir-nos debe disputársele a la burguesía, la academia y las clases dirigenciales. Las lenguas molotov que se despliegan en los diálogos de este fanzine demuestran dicha urgencia. Hacernos cargo de nuestras lenguas, por más requisadas y negadas que estén, sometiéndolas a la crítica, ya que como nos lo recuerda el mismo Tomás, “para el pensamiento heterosexual las lógicas de asimilación son previas al derecho a voz”. De ahí la insistencia de valeria sobre el “escribir contra una misma”. Ese es un trabajo obrero , un ejercicio crítico indispensable.

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“La infancia como un espacio político de intensa pugna de poder”

Como lo proponen los activismos que acá entrecruzan sus lenguas, no debemos privarnos de intervenir en las instituciones (escuelas, universidad, familia) contaminando e infectando con decires que desarticulen, implosionen, desactiven violencias y autoridades, sus violentos privilegios del decir y escribir-nos, abriendo, encendiendo, agitando y politizando el resentiminento que nos toca experienciar por las condiciones sociales, económicas, sexuales e imaginativas en las que nos reducen a vivir.

La infancia es el estado natural al cual nos conmina la heterosexualidad. Las mujeres sabemos de esto (antes de ser consideradas humanas éramos tratadas como niños y dependíamos de la voluntad del padre o esposo, además de no tener derecho a voto ni el disfrute orgásmico sexual), lo mismo lxs niñxs, los pueblos indígenas y, en general, todas las sexualidades minoritarias y vidas precarizadas, desmanteladas, empobrecidas. La infancia es una tecnología política que te restringe y expropia la posibilidad de hablar, de decir, de narrar. Infancia: sin derecho a voz. Quienes se encuentran en la infancia sólo pueden cumplir órdenes. El pensar y hablar queda restringido para las autoridades adultas, masculinas (de distintos sexos) a las cuales hay que obedecer, respetar y amar. Así lo mandata el contrato social-sexual. El ejemplo más claro es la institución patriarcal por excelencia: la familia. A pesar de las contundentes y crueles cifras oficiales que señalan que es en la institución nuclear de la sociedad donde ocurren las más grotescas e intensas violencias que nos constituyen las cuerpas, la sexualidad y la subjetividad, violencias que se nos obliga y promueve naturalizar en pos de dicha institución. Es decir, si tu padre te viola o abusa (las cifras oficiales indican que son los padres heterosexuales de familia quienes encabezan la lista de violadores y abusadores sexuales ni niñxs, y la familia el lugar principal donde éstas ocurren) nos vemos en la inexplicable contradicción paradojal de deber amar a, respetar y acatar dicha autoridad –la consagración de la violencia en pos del patriarcado.

El trabajo de valeria flores que se ha inmiscuido en un política feminista lesbiana pedófila ha sido una referencia insoslayable para quienes trabajamos con personas y cuerpos en situación de minoría de edad. Niños y niñas de distintos sexos a quienes se les niega la sexualidad por considerarse que sus cuerpos aún no pueden reproducirse. Estas sexualidades y cuerpos no re-productivos, curiosas y necesitadas de estimulación, se vuelven un campo de batalla al cual los feminismos disidentes sexuales no debemos restarnos. El trabajo investigativo y experimental colectivo desarrollado por valeria flores en “Chonguitas, masculinidades de niñas” demuestra algo fundamental sobre la falsa del género: la masculindiad no es una propiedad exclusiva ni obligatoria de los hombres. explorando en las experiencias infantiles de mujeres de Argentina y otras latitudes, se revisita la infancia como ese campo de requisamiento del cuerpo y del tiempo en pos de la futuridad reproductiva. La política lesbiana de valeria flores es una política anti-reproductiva, pero que no se resta a la contaminación de lenguas de distintos sexos y edades. Esta pedofilia trans-feminista legitima el vincularse sexo-políticamente con niñas y niños. Criar y agitar las lenguas propias e impropias, cruzar nuestras lenguas con las de niñas, niños y niñes.

Sin duda en nuestros territorios acogemos esta invitación a la pedofilia política habitando la disputa del sexo con niñas y niñes que desanude la constitución de la experiencia sexual a través del abuso. Otros anclajes son posibles, entre ellos el placer y la experimentabilidad del sexo en la infancia, por más que asusten los gemidos y decires escriturales sexuales de quienes por naturaleza tendrían prohibido el vínculo del sexo y el placer.

Para terminar cito la ineludible lengua de valeria: “La revuelta escritural de la disidencia sexual y postfeminista, compuesta por esas micro-creaciones de ficciones que se mueven en los circuitos más capilares y clandestinos de la institucionalidad del movimiento, remueven el aparato discursivo y diseccionan sus capas más anquilosadas o los consensos como enclaves del binarismo, haciéndolos implosionar y reconfigurar los bordes de la escritura de nuestros deseos, cuerpos, géneros y sexualidades para diseñar una nueva topología de lo posible. Por eso, la imaginación política radical sólo ocurre en el desborde de nosotrxs mismxs, al detonar la práctica de escritura como una escena erótica y convocante, de seducción y promiscuidad inapelable… Es jugar ese juego del que no se sale indemne o sin cicatrices”.

Desmontemos el hétero-capitalismo donde sea que este se encuentre –partiendo por ese supuesto “nosotras mismas”.

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