Lo marginal, lo queer y lo monstruo en Hija de Perra por Colectivo A quemar El Closet: “Monstruoso es ser abortadas por el sistema, ser un asco, reivindicarse como tal y convertirse en un virus”

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Texto leído el miércoles 19 de agosto en la Semana de Homenaje a Hija de Perra realizado en el Centro Cultural Cine Arte Alameda. Instalaciones con su vestuario, exposición de fotografías, discusiones y visionados de cortos y películas fueron parte de una jornadas afectivas que actualizaron el trabajo artístico y político de Hija de Perra a un año de su muerte. La jornada finalizaron con una protesta al interior de la Clínica Dávila. Con el grito “No + lucro con el sida” denunciamos el abuso de las empresas de salud privada y entregamos 58 millones de besos con sida. (Fotografía de Jorge Matta y Lorena Alejandra).

Siempre se habla de las perras. Somos deseadas y pateadas. Sin nosotras no existen. Somos incorregibles, impronunciables, ilegibles. El insulto sin comillas que no se dice en la mesa, lo innombrable. Unas hijas de perra.

Siempre en fuga de las manos que nos quieren asimilar nuestro nicho de resistencia dentro engranajes funcionales de una sociedad autómata e híper-simplificada. Siempre hacia un desborde nirvánico suicida.

Lo marginal calienta, causa asco y lujuria, deseo, repulsión, admiración, curiosidad, extrañeza. La marginalidad es aquello que se encuentra al borde de las normativas del epicentro de un sistema de dispersión reglamentado, hegemónicamente patriarcal, blanco, heterosexual y burgués. En un sistema heterocapitalista que suscita sus propios límites, crea tanto proletario como travestis, camionas, washos sename, loco, vagabundos y enfermos; lo marginal significa también una deuda millonaria post mortem a una clínica.11905752_10207504299782679_7640577698035009602_n

La marginalidad perruna se manifiesta como un monstruo voraz de placer que renuncia a toda normativa y se instala como una otredad animada y no objeto de una mismidad que aparece como bomba detonadora del kaos, donde el deseo de ser por ser es latente a una desvinculación con la hipócrita y absurda sociedad civil.

Es una ética perra. El proyecto de una existencia política glamurosa que no tiene que ver con el imaginario de vanguardia revolucionaria; sino con el habitar la marginalidad como un espacio politizado desde tu subjetividad contranatura, desde la singularidad detrás de una monstruosidad enfadada, eufórica, caníbal y lujuriosa; una praxis escénica que instala una política del deseo cuando irrumpe espacios civilizados tales como las calles, las universidades, las discos o la academia subvirtiéndolas a su deleite y nuestros deseos.

Una estética perruna, teóricamente cuirz, es comprender el orden del poder y sus tecnologías. Saberse y mantenerse desde una perspectiva ética en la marginalidad implica una práctica política de sí misma que hace de sí un monstruo combativo astuto, capaz de burlar los tecnologías y ciencias del saber y no ser el objeto de estudio o el individuo a corregir. Es resistencia contra la normalización y regulación del deseo, la negación a confesarle al estado nuestra identidad.

Desde ahí configura una serie de signos sexuales que nos trasportan a una serie de ritos grotescos donde podemos percibir una nueva configuración política ya desde el propio cuerpo. Decimos ya basta de democracia, ya basta de regímenes que entienden la cabeza como fuera del cuerpo. La perra es la bomba molotov que enciende las calles santiaguinas repletas de corporalidades calientes, que buscan placer en nuevas formas de afectación, la performance como estrategia de resistencia y subversión se re-apropia y se asume como sujeto político producto y parte de los fraudes de la familia, la violencia sexual y la hipocresía de la sociedad que responde con encierro a lo que no cabe en su imaginario, que ella misma devela y a la vez infecta. Es la fuga del placer, una travesti post-feminista abyecta sedienta de deseo de contaminarlo todo con saberes bastardos sobre la sexualidad, el placer y glamur de seguir en pie luego de vomitar en la calle o pasar por las torturas de los saberes de la salud y la educación formal.11921878_10207504347463871_5967781978127907789_n

A mí que me gusta tanto la memorística y trafico de relatos: sé de la generación ochentera que le era difícil mucho más que difícil ser vegana en un época que la ensalada vegetariana tenía jamón; sé de quienes eran detenidas por la policía por verse diferente… no era cualquier cosa punkiar o fascinar con tu cuerpo travesti en las calles. Cuando florecía mi adolescencia me deleitaba provocar horror con mi maquillaje de fem fatal. Hoy hay queso vegano feminista, soviet jeans, el ché en una polera, la bandera de colores a quina, dr martens en multitiendas, punkis de revista… Ante esto, en tiempos que la libertad es decidir qué tipo de té quieres comprar o a qué maricoteca quieres ir a mover la raja unas horas llenándole los bolsillos a los mismos heterosexuales que le tapan los ojos a sus crías ante una caricia lesbocallejera, nos queda por convicción vestirnos de gris si visten negro, tomarnos las discos, secuestrarlos a todos y pagar la deuda de esta gran estafa que es el proyecto de vida en una sociedad de consumo.

Feminismo darks. La estrategia de la existencia, la performance cotidiana o en escenario, se niega a la corrección del psicólogo y se trasviste para este, un doctorado en la escenificación del desgeneramiento, es el desborde del binarismo del género, la muestra de la imperfección de la humanidad, la muestra de lo sucio de aquello que nadie quiere ver, es el enrostramiento de la hipocresía en la ficción burguesa de la cotidianidad. Perra es la encarnación de la disidencia sexual como lo inclasificable, es la posibilidad de la revuelta a partir biopolítico, es el fuego que quema dichos enunciados académicos salidos de una lesbiana. Es la imposibilidad de una clasificación pura, de un lenguaje sencillo, de un estar siendo coherente, es aquello que da sentido a una ética diferente en un circuito que converge en diferentes ideas y placeres.

Somos una voracidad caníbal-sexual, violenta con el macho, el patrón, el marido y el saber hombruno. Nuestro placer radica en no ser parte, de ser feliz maldiciendo el patriarcado, atentando contra el sistema y nosotras, en los feminismos que nos articulas, los genitales desconocidos, la amistad, la política, el virus, las enfermedades venéreas, la vida en el margen, lo mounstrouso es que la perra no fuera la víctima ni se sintiera como tal, sino mas bien construyó una imagen que significa una criatura desbordada que nunca le importo limitar ni su deseo ni el placer ni el existir. Monstruoso es ser abortadas por el sistema, ser un asco, reivindicarse como tal y convertirse en un virus.

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Para que exista virus hay algo que se pueda contagiar, los sanos los cuerdos, la heterosexualidad, las mentes corrompibles de un sistema comunicacional masivo, al que cada vez que accedemos nos tratan como monstruosidades por saber defendernos ante las burdas palabras que lanzan, el virus es el contagio de fluidos, las secreciones mezcladas y transmutadas, ¿existe entonces una posible cura? La cura es el estudio y diagnóstico de un caso, la posible sanación posterior al canto de una guitarra en iglesia evangélica, lo que capitalismo nos vende después de pasar por una empresa de laboratorios, la cura es la adaptación de lo inclasificable como un estilo simpático que va en bicicleta y que sabe idiomas, con un mohicano rosa, que posee un barrio, se puede casar y tener perritos pequeños e insoportables, adaptarse a la economía de los cuerpos heterosexuales, una cultura sobresexualizada pero que en la cama -como decía la perra- duran 12 minutos al cabo del año. El consumo de nuestra singularidad y la dependencia a la cura nos hacen percibir el virus como no vivible como una opción en contra de todo valor normativo, es ahí donde nos encontramos con la perra, en el contagio subversivo de una noche ardiente de lujuria del deseo, en el habitar desobediente de todo normativismo de género, en el no hacer de esta realidad una rutina burguesa, sino en darnos valor y no perderlo de forma que nos exhiban en un museo como resistencias, donde nos hagan memoria sino que el ejercicio tenga una reflexión de por medio, la cual este siempre en creación, que trasmute. La perra es la lectura de La DESOBEDIENCIA sexual, el virus degenerado que no debemos convertir en objeto de estudio, es lo que escapa de nuestro deseo de nombrar, contagiar toda estructura para destruirla, ya basta de que los machos nos escriban y liberen, comamos machos y brindemos vino.

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FOTOGRAFÍAS DE LORENA ALEJANDRA Y JORGE MATTA.

 

 

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