VALPA: UNA VALPARAISA INFLAMADA por PAULINA VARAS

El siguiente texto fue leído por la investigadora en prácticas artísticas Paulina Varas [1] en el lanzamiento del libro “Inflamadas de retórica.Escrituras promiscuas para una tecno-decolonialidad” de Jorge Díaz y Johan Mijail el día jueves 10 de noviembre de 2016 en la facultad de humanidades de la Universidad de Valparaíso. El lanzamiento se realizó en el contexto del “Foro internacional: Desigualdades, violencia y ciudadanías. Resistencias en el Chile Neoliberal” organizado por Carolina Benavente.

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(fotografía Agenda KUIR)

Ustedes vienen a infectar Valparaíso, con algún virus o bacteria que hace que cambiemos las palabras y su género, la inflaman y se enrojece una parte de su territorio, la afectan con sus palabras y relatos metropolitanos. Traen en su libro algo que me hace repensar y torcer este lugar. Mi imaginación política se activa con la propuesta de su libro y hace que esta presentación de “Inflamadas de retórica” en este preciso momento, convierta esta ciudad en otrx, en una Valpa, en una Valparaísa.

Esta ciudad feminista y disidente tiene varias memorias y formas de pensarse, pero es ante todo feminista. ¿Que sería eso? Simple y radicalmente que las mujeres somos personas, eso tan simplemente dicho, requiere sacarse capas y capas de prejuicios y privilegios que hasta el más bienintencionado puede enunciar. “Yo no soy feminista para nada, estoy lejos de ser feminista, tengo mucho que aprender[2] dijo recientemente en un programa de televisión el nuevo alcalde de Valparaíso Jorge Sharp. Yo le quiero decir, que el feminismo no es algo que se aprenda o estudie en la Universidad (aunque haya hasta doctorados y maravillosas académicas), ni que se lea en un libro erudito, ni algo que se hereda de mujeres en la familia, ni algo que se asume solo por nacer biológicamente mujer, (aunque pueda ser un poco de eso también). La cuestión es más simple y radical, se es feminista o no se es. Tampoco se es feminista “pero…”, sino que se es, porque con esta afirmación estamos dejando en claro que las que habitamos, residimos y agenciamos la ciudad de Valparaísa no necesitamos aprender más de ninguna teoría académica, ni militar en ningún partido para exigir que se nos deje de discriminar, acosar, violar o matar. No hay que aprender más de feminismo cuando la urgencia es el cuidado de la vida y la única forma en que las estructuras de violencia tan arraigadas en nuestra sociedad se modifiquen, es cambiar este modelo de explotación y eso es el feminismo también. Además debo recordar, por si no ha sido visto, que esta Valparaísa es marcada cada mes por una marcha que deja un surco en la calle, una marcha que es una fila de personas en silencio señalando con sus propios cuerpos que no queremos más violencia machista.

Esta misma Valparaísa no se olvida de un domingo hace cinco años en que un grupo de cuerpos hecho cuerpa, atravesó la ciudad con un vestizaje incitado por la artista Lucía Egaña y como si fuera una versión pobre y sudaka de Lygia Clark, paseaba su inmensidad mal cocida por lugares desmemoriados de la Valparaísa. Íbamos significando lugares, torciéndolos, reconociendo la violencia institucional de la ciudad pero también mirando como se nos mira como cuerpa colectiva.

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(Vestizaje 2.0 fue un taller intensivo de tres jornadas en  abril 2012, ideado por la artista visual 
Lucía Egaña en colaboración con CRAC Valparaíso, Espacio G y CUDS. 
Consistió en una experiencia de diseño colectivo (y anárquico) de un vestido multicuerpo y poligénero
Más información http://vestizaje.lucysombra.org/ y http://www.cracvalparaiso.org/?p=2020)

 

Pero esta Valparaísa no es solo una mujer sino que también una identidad transformada. Aquella que mantiene en su memoria callejera y portuaria los relatos que hoy están neutralizados con la violencia diaria del orden naval:

 

“Para el Golpe estábamos con la Leila en Valparaíso y nos llevaron a todas en un barco que había arraigado al puerto. Nos llevaron allá con los ojos vendados en una camioneta. Seis días estuve allí amontonado, con los otros en un hoyo. Lo primero que hicieron los milicos fue cortarnos el pelo, que nos arrancaban de raíz y después nos orinaban encima. Nos pegaron tanto. A la Tamara y a la Tila las colgaron de un cordel y las daban vueltas, las hacían girar, Nos amenazaban con tirarnos al mar. Éramos como treinta homosexuales arriba del barco. Nos fueron soltando de a poco”

 

Este relato de la travesti Pilar en el libro “La manzana de Adán” de Paz Errázuriz recupera parte de los procesos de memoria nunca abordados en esta ciudad, y la desigualdad de las identidades en los procesos de violencia institucional. Ese mismo barco, cien años antes había sido escenario de uno de los hitos en la “historia de la homosexualidad en Chile” cuando en la corbeta Esmeralda del siglo XIX.

 

screen-shot-2016-11-14-at-6-12-19-amLa Manzana de Adán, Paz Errázuriz.  

“En 1873, el guardiamarina segundo Carlos Eledna y el marinero José Mercedes Casanga fueron sorprendidos durmiendo semidesnudos, tras lo que se les acusó de sodomía. Ante los hechos, se realizó un juicio sumario a bordo, siendo el capitán Arturo Prat —quien seis años después sería protagonista del combate naval de Iquique a bordo de la misma nave— parte del jurado. Los acusados fueron condenados a diez años de cárcel y sesenta latigazos en la espalda…En este caso, el informe médico de los genitales de los acusados fue fundamental para la sentencia”[3]

 

Muchas veces nos horrorizamos con la violencia pasada y tratamos de entender (algo casi imposible) las formas de violencia contemporánea, ¿cómo distinguirlas? ¿Cómo se reactiva la violencia en nuestro presente sobre los cuerpos que se resisten a la normatividad del mercado y el patriarcado?

La censura sin duda es una de las violencias reactualizadas, específicamente aquí, la censura sobre la imagen. Paz Errázuriz es la fotógrafa que realizó la imagen de la portada de este libro, una portada además intervenida por el artista Felipe Rivas que ha sido intensamente censurada por redes sociales como Facebook por que lxs autorxs del libro exhiben un desnudo y en concreto su pene. Pero esta no es la primera censura a una de las fotografías de Paz Errázuriz pues ella ha debido luchar en diversas ocasiones con situaciones de represión respecto a sus imágenes, no sólo por la potencia de su relato, por lo que nos dice de frente y mirándonos a los ojos sino que por aquellos cuerpos que retrata. Estos cuerpos que no se reconocen como significantes de un solo relato de la historia, y que en muchas ocasiones enfrentan el sistema completo. Yo incluso me he referido a sus fotografías como terapéuticas, no es un sentido normalizador sino que transformador[4].

Si bien los autorxs del libro que presentamos hoy, proponen que Nuestros penes, nuestros testículos no son, como en esta episteme, órganos reproductivos. Son más bien la crisis del capitalismo heteronormativo. ¿bajo que relato entonces es censurada esta imagen? Hay un tipo de violencia en forma de censura, que no vemos como se cuela en nuestros espacios, o que se ejerce con una rapidez a la cual no alcanzamos a reaccionar. Y esta lenta reacción no tiene que ver con alguna fragilidad política, ya que identificar esas formas de violencia también va fortaleciendo las formas de resistencia día a día que este libro también relata.

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Intervención HOMBRES NO SOMOS, Museo Nacional de Bellas Artes. Fotografía Diego Argote

No puedo dejar de vincular estos episodios a un caso de censura local, justamente a partir de un trabajo artístico presentado por Felipe Rivas en Valparaísa. Espere con paciencia la información de los grupos artísticos de la ciudad de Valparaísa, luego de la reciente censura a la obra del artista en el Centex del CNCA. Espere que surgieran voces que se sintieran afectadas, tocadas, sensibles, atentas, críticas, que aportaran a un debate sobre las condiciones de producción del arte en el sistema que vivimos. ¿Es que no debe preocuparnos que estas cuestiones sucedan hoy mismo en esta temporada democrática que vivimos? ¿Creemos estar tan seguras que vivimos en democracia, que no hay poder sobre otrxs que no sea juzgadx, criticadx, resistidx?. Estas violencias contemporáneas nos enferman, nos inflaman. En este libro hay hermosos relatos, frases y preguntas sobre las formas de vida enfrentando los efectos sobre nuestros cuerpos del proyecto neoliberal chileno desde un saber situado. También proponen maneras en que se han enfrentado esos efectos, incitando resistencias pero también pienso que van tramando nuevas metodologías indisciplinadas para situar nuestras vidas. Me inquieta la escritura de esta dupla, donde a momentos trato de adivinar quien es autor/a de que, cómo se las arreglaron para organizar cada párrafo, diagramación, pausa y relato, como organizaron este pensamiento disidente, como se volvieron unx y cartografiaron sus lugares para componer esta otra cartografía crítica de su escritura.

 

La lectura del libro para mi significó también pensar nuevamente mis vínculos con el feminismo, las formas de repensar un transfeminismo urgente a la luz de los acontecimientos de este ciclo que comienza, en tanto sostenibilidad de la vida, situando la importancia de los cuidados en el centro de nuestra sociedad.

Vuelvo a una pregunta que me rodea insistentemente al calcular: grados de compromiso, mapeamiento de los lugares que habito en este territorio, coordenadas que den sentido a esta cartógrafa en devenir, me recuerdo ¿Por donde llegamos al feminismo? una certera respuesta señala un pasaje del libro, Llegamos al feminismo por otros lugares, por otras calles, por otras arterias. De hecho, por calles que no son arterias sino pasajes sinuosos de los que hemos hecho nuestro vecindario.

Vecinas entonces, no ciudadanas, de esta Valparaísa.

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Infoabortochile.org

[1] Doctora en Historia y Teoría del Arte. Académica e investigadora del Campus Creativo de la Universidad Andrés Bello. Co directora de CRAC Valparaíso (www-cracvalparaiso.org)

[2] http://www.eldesconcierto.cl/pais-desconcertado/2016/10/28/video-sharp-se-declara-a-favor-del-aborto-y-dice-que-no-se-puede-considerar-feminista-porque-tiene-mucho-que-aprender/

[3] http://web.archive.org/web/20081025143922/http://www.patriagay.cl/?p=267

[4] En otro texto me refiero en detalle a algunos casos de censura de fotografías de Paz Errázuriz y la impresión de su trabajo artístico en el contexto de los años 80 y 90 en Chile, además del carácter terapéutico de sus fotografías en tanto reflexión sobre procesos de transformación subjetiva y social no normativa sino que transformadora. Varas, Paulina “Frotarse los ojos: la terapias de las fotografías como una “ética del ver”” en: Paz Errázuriz Fundación Mapfre, Madrid, 2015.

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