“Un deseo de contagio”, entrevista a Josecarlo Henríquez en Costa Rica

Josecarlo Henríquez, prostituto, escritor y activista CUDS estuvo recientemente en Costa Rica presentando su libro #SoyPuto (Editorial Cuarto propio, 2015) además de establecer vínculos con la política sexual de ese hermano país. Transcribimos una entrevista que le hiciera el medio digital Distintas Latitudes .

04-11-2016. Parque Nacional, San José. Hora: 05:55 p.m. Retrato del activista, escritor y prostituto chileno, Josecarlo Henríquez, quien se encuentra en Costa Rica para presentar su libro "Soy Puto". Las fotografías se realizaron en el Parque Nacional en San José, lugar de trabajo de los prostitutos de esta capital. Fotos: Mayela López

Fotografía tomada en el Parque Nacional en San José, lugar de trabajo de los prostitutos de esta capital.

 

La prostitución sigue siendo un tema controversial. Incluso dentro de los movimientos feministas existen corrientes que defienden la autonomía de las mujeres sobre sus cuerpos y el ejercicio del trabajo sexual, y otros que más bien abogan por la abolición de esta práctica.Desde un Chile que discute con dificultades el aborto, y ha ido avanzando paulatinamente en derecho las poblaciones LGBT (lesbianas, gais, bisexuales y trans), Josecarlo Henriquez, prostituto y activista, levanta una voz de disidencia. Henriquez no es ajeno a los medios de comunicación. Ha dado una gran cantidad de entrevistas e incluso cuenta con su propia columna en la revista chilena The Clinic. Este mes de noviembre el activista estuvo de visita en Costa Rica, para la primera presentación de su libro, #SoyPuto, fuera de Chile. En este marco, Distintas Latitudes conversó con el autor sobre su publicación y su visión crítica de los movimientos LGBT, desde la perspectiva de la disidencia sexual. Josecarlo Henriquez estuvo en Costa Rica para presentar su libro #SoyPuto.

DL: ¿Qué te movió a publicar este libro sobre tu experiencia, y cuál es la línea general que lo cubre?

JH: El libro es una especie de compilación de distintos textos que iba escribiendo por Facebook, o textos en blog. Es una especie de engendro, narrativa autobiográfica, pornográfica, historias con clientes. Una forma de mostrar la perversión de los hombres heterosexuales que acuden a prostitutos, teniendo ellos esposas, y siendo ellos los primeros en ser los más homofóbicos, pero pagando mucho dinero por sexo. El libro es una especie de un develar y evidenciar estos cruces que suceden en Chile, y dar cuenta de un colectivo y de una galaxia feminista y de disidencia sexual en la que habito. También hay una crónica donde se relata una marcha de aborto que fue muy reprimida, aunque éramos muy pocos. Y hay críticas a sujetos de la diversidad sexual que son como opuestos a la disidencia sexual. Es mostrar un entramado, una galaxia que existe, que tiene sus protagonismos. Más allá de la autobiografía de prostituto, pero también desde la lectura que un prostituto feminista podría hacerle a todo este entramado.

DL: Has comentado que siempre te llamó la atención la figura de la prostituta. ¿Qué te atrajo de esa figura y cómo llegaste a configurarte en ese espacio?

JH: Sobre todo, el sexo. Tener sexo y que te paguen por tener sexo, principalmente. Pero también, porque la figura de la prostituta, que no es la figura del prostituto, es mucho más inspiradora en un mundo que está hecho por hombres, para hombres, porque devela contradicciones, y devela la mierda, siendo supuestamente una figura que genera odio, y genera odio porque se le desea mucho. Hay mucha gente que ha pagado por prostitutas y también las ha maltratado. Abre posibilidades perversas y posibilidades fascistas, la figura de la prostituta. Eso que encarna un sujeto que tiene sexo, y el sexo le sirve, más que solo el placer mismo del sexo, para sobrevivir en un mundo donde otras opciones pueden ser miserables.

DL: ¿Qué te llevó a hablar públicamente sobre esto?

JH: El activismo. Yo antes de comenzar a prostituirme explícitamente, estaba ya involucrándome con activistas feministas, entonces llegué a la prostitución ya con una conciencia de clase, una conciencia social. La escritura para mí, desde chico, ha sido vital, siempre he escrito. Ya siendo activista, y reconociendo en la escritura un modo y una herramienta que se puede utilizar para algún propósito terrorista, por así decirlo, coincide que estaba prostituyéndome. Era inevitable, era ineludible que yo lo hiciera, porque una de las cosas que he aprendido del feminismo es que lo privado es político, y en este caso lo privado sería la intimidad puteril. En un mundo, y en un país como Chile en el que existe mucha prostitución, enfocarlo desde la perspectiva feminista me parece importante. La prostitución siempre se enfoca desde el espectáculo y desde el mercado.

pa prensa

DL: ¿Cómo concilias el tener clientes con actitudes transfóbicas u homofóbicas con tu propia visión de la disidencia y activista?

No hay un concilio. No las concilio nunca. Jamás me ha interesado conciliar. Es un sujeto que está acostumbrado al odio, al maltrato, al resentimiento desde donde creciste, que tuviste que vivir 17 años con un padre peor que un verdugo. A veces el convivir con el odio y la podredumbre es algo que no es necesario conciliar. Uno sabrá utilizar ahí qué es lo que servirá de sujetos transfóbicos que me pagan para poder comer. Y listo. Que son las estrategias prostitutas también, aprender a desdoblarse de algo que podría uno darle mucho odio. Uno constantemente verá sujetos así, y uno también ha estado cruzado por microfascismos, entonces, más que conciliarlo es vivirlo, habitarlo.

DL: También decís que la familia es el núcleo o el origen de la prostitución, ¿por qué?

JH: Bueno, la prostitución entendiéndose como un trabajo sexual. Para mí, la mujer en la familia, como se organiza desde el hombre, sería la primera trabajadora sexual, pero no pagada. Al ser la familia un lugar donde la mujer es organizada, y es impuesta como una esclava sexual para producir mano de obra, para mantener la casa limpia, para que cuando el marido llegue del trabajo pueda ser satisfecho sexualmente, y ante eso se reproduce infinitamente. Ante eso, pienso que la familia es un nido de prostitución, porque es donde nace principalmente el capitalismo, y por ende la prostitución, que van de la mano.

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DL: ¿Cuáles son tus principales críticas a la política LGBTI y a la perspectiva de derechos humanos?

Tiene que ver con que estos imaginarios LGBT, de derechos humanos, curiosamente están levantados y sostenidos por lo mismo que ha sostenido la historia oficial: el hombre blanco occidental. Esto se ve en estas nociones, y dialogan constantemente con la noción de la legalización –lo legal, la ley, la institución- tendría que ser una especie de salvavidas, tendría que ser el formato para vivir, tendría que ser lo que dicte qué es bueno y qué es malo, desde mentalidad blancas, occidentales y patriarcales. No hay un cuestionamiento de nada, es imponer algo. Y a la larga da cuenta que, a pesar de toda esa insistencia, no es una salvación, se siguen asesinando travestis. Lo LGBT, a pesar de todas sus siglas interminables que quieren reivindicar cuerpos excluidos, aun así, hay cuerpos que no contienen, sujetos o muertes que no quieren llevar. Ante eso, queda develado que uno tiene que imaginar. Nos han enseñado más a obedecer que a imaginar. Los locos imaginan, los ciudadanos obedecemos. Y ante toda esta realidad nefasta, imaginar se vuelve necesario. Igual, yo no soy muy entendido en temas de derechos humanos.

DL: ¿Cómo desearías que tu libro impacte a quien lo lee?

Es un deseo de contagio, totalmente. Y es un deseo de contagio terrorista también. De hecho, una de las cosas que más me ha gustado después de que lancé el libro, en los comentarios por Facebook de gente que lo ha leído, ha sido gente que no acostumbra leer. En Chile se lee muy poco. Entonces me impresiona mucho que la gente que ha comprado el libro no es gente que lee libros. También se sienten muy espantados con lo que leen. Y ahí es donde yo digo, en qué siglo estamos en Chile, porque hay cosas que impactan que yo creo que ya no deberían impactar. Eso significa el tener mala educación, eso significa el patriarcado, eso significa el machismo, entonces también sería esperable que ciertas cosas impacten aún en el año 2016. Pero más que nada es contaminar, contagiar, porque eso implicaría también al otro sujeto. Lo que espero es que sea más que una lectura muy entretenida para la persona, que sea una instancia de contagio, donde una madre que lea ese libro cuestione su misma esclavitud como madre.Tampoco es un libro con esperanza, y yo tampoco creo que las cosas tengan esperanza. Pero por lo menos contaminar, y no solo gustando, sino también disgustando. Ojalá que mucha gente se sienta mal, muchos padres ojalá que se sientan pésimo. Me gustaría que el libro logre un suicidio.

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