Concepción es un trópico inflamado. Crónica sobre el viaje de un libro promiscuo por Cristeva Cabello

En diciembre de 2016, la Vocalía de Género y Sexualidad de la Universidad de Concepción nos invitó a presentar “Inflamadas de retórica, escrituras promiscuas para una tecno-decolonidalidad” de lxs activistas y escritores Jorge Díaz y Johan Mijail, la siguiente es una crónica situada de este recorrido. 

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De regreso a Concepción desde la costa se vislumbra la isla Quiriquina, que fue un centro de tortura durante la dictadura. Cerca de mil personas estuvieron detenidas en esta isla que ahora pertenece a la armada. En estas ciudades la vida heterosexual se expresa en las calles y en las plazas públicas donde las ferias de artesanías se desbordan de grupos de mujeres adultas vendiendo sus “artesanías” domésticas en época de navidad: venden sopaipillas, mote con huesillo, venden hadas, sirenas, duendes, viejos pascueros rellenos de tela o fabricados con diversas técnicas de lana y tejidos. Jorge se compra un collar con un toque dramático y artesanal. Son las organizaciones de mujeres, pienso, que comercializan su trabajo en estas fechas. El bus sale de regreso a Santiago pasada la medianoche. Para Tropiconce se viaja de noche. Han sido días intensos en un Bío Bío donde las dos tecnocholitas han lanzado su libro “Inflamadas de Retórica”. Era una breve invitación a descentralizar el saber fuera de Santiago, el lugar más lejano donde lxs autores han viajado con este libro independiente que se ha presentado anteriormente en espacios universitarios y culturales de Santiago y Valparaíso.

Jorge, biólogo y poeta, no conocía estas costas. A diferencia de Johan, que gracias a los circuitos de arte de performance conocía previamente Concepción e incluso, había intervenido algunos de sus espacios. Johan y Jorge se sorprenden con el tiempo de esta región, con los matinales regionales, los estudiantes y hombres de izquierda que preguntan por la relación entre el feminismo y la izquierda, y los agringados conciertos navideños que se ofrecen en el foro de la ciudad y que nos recuerdan los conservadores espectáculos culturales de comunas como Las Condes.

Jorge y Johan fueron invitados por la Vocalía de Género de la Universidad de Concepción para realizar el lanzamiento de su libro, para agitar feminismos en espacios estudiantiles y culturales.

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Un libro escrito desde el activismo

Llegamos a dormir a un hostal en el centro de Concepción, donde nos recibe una mujer venezolana que su rostro lleva el peso del sueño. Son las 7 de la mañana. Nos acompaña Roc, estudiante de gestión cultural y vasco, me dice que vive cerca de los Pirineos y trabaja generando vínculos entre colectivos y organizaciones. Las piezas que teníamos asignadas están ocupadas y aún así nos quedamos a descansar en un dormitorio con camarotes. Mientras intento dormir escucho a la trabajadora del hostal hablando de Chávez, Johan me dice que las venezolanas que están en Chile son todas anti-chavistas. Dormimos para ensamblarnos a una nueva ciudad: Tropiconce, una ciudad conservadora, donde es elegida la senadora homofóbica Jacqueline Van Risenberger; una ciudad universitaria, donde en la noche del viernes las familias van a escuchar villancicos, mientras tanto los estudiantes festejan en los balcones de sus departamentos o en la Plaza Perú.

En la Universidad de Concepción, en una sala de la Facultad de Medicina, se realizó el lanzamiento de “Inflamadas de Retórica” de la editorial Desbordes. Un libro que permite abrir una discusión sobre activismo feminista y el racismo. Hay principalmente estudiantes y profesores en el público. Un ingeniero, junto a su amiga, lleva el libro. Otro asistente dice que vio la intervención fotográfica en el Museo de Bellas Artes donde se reprodujo la portada y contraportada de este libro feminista de bolsillo. Recuerdo en el lanzamiento al director del museo preguntándole a Jorge qué significaba “falo-ocularcentrismo”, recuerdo a mi padre preguntándome al oído qué significaba “retórica” y “cito” en el lanzamiento de este mismo libro en Pedro Aguirre Cerda, porque este libro se vuelve un viaje tránsfugo inesperado.

Escribir y lanzar un libro, rodeado de un grupo de personas que desconoces, expone a sus autores a responder, a tomar posición sobre lo que plantean, a explicarse, más aún si trata del feminismo y su relación con la izquierda, la universidad y la homosexualidad. En una respuesta durante el lanzamiento del libro, Johan respondió a la idealización que hace la izquierda del obrero y el trabajador. Narró una situación que vivió en las calles de Santiago, una violencia cotidiana que vivió siendo escritor, dominicano y “negra”. Contó que sus oídos escucharon la palabra “masisi”. Un grito en lengua haitiana en la boca de un trabajador chileno usado para burlarse de su afeminamiento. Le gritaron masisi, un insulto que significa maricón en la lengua haitiana. Seguramente este chileno socializa con haitianos en su lugar de trabajo, dijo Johan Mijail. Lo impactante es escuchar este insulto ya no en la isla del caribe, sino en la isla que es Chile. Ver que la violencia heterosexual continúa reproduciéndose. Jorge y Johan son parte de un feminismo que experimenta con el lenguaje, sus hablas y escrituras vienen a cuestionar un feminismo que, a veces, es demasiado heterosexual y blanqueado. Caímos en la cuenta que en los días en Concepción, sólo vimos a una persona “negra”.

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Donde Elvis

La Vocalía de Género lleva activa menos de dos años, es parte de una red de vocalías que han comenzado a formarse a lo largo de las distintas universidades del país, ya sean públicas o privadas, y han sido un espacio para el empoderamiento de estudiantes mujeres, lesbianas, trans y feministas. En esta Vocalía participan estudiantes de arquitectura, trabajo social y artes, feministas libertarias que son elegidas en elecciones universitarias. Una de ellas me cuenta que hace poco viajó a Bolivia a un encuentro de jóvenes latinoamericanistas y que escuchó a Evo.

Sentadas, después lanzamiento del libro, compartimos cervezas en un bar repleto de figuras de Elvis Presley, discos, fotos, noticias, poleras rodean las paredes del local. Johan ya lleva puesta la malla de panty de señora que tuvo comprarse para capear el frío. En este encuentro conocimos a una activista feminista de Chillán, quien había leído #Soyputo de Josecarlo Henríquez, estudiaba una carrera médica y celebraba estas escrituras que no son encasillables en un sólo género, porque no son sólo autobiografía, ni tampoco sólo teoría, ni poesía exclusivamente, pero donde el libro es un pequeño formato que permite compartir experiencias acumuladas sobre el feminismo. Una escritura políticamente afectiva que contiene la pena morena, los tígueres de la capital y la necesidad de que los feminismos se expandan. Chillán nos cuentan, es una ciudad mucho más conservadora que Concepción, se ve en sus calles y en el peso de la religión y la tradición. En esa ciudad nació el prócer de la patria, el huacho, y es en esta ciudad donde se comienzan a re-organizar las feministas, donde se mezclan trabajadoras, estudiantes y profesoras.

Las estudiantes feministas de Concepción comparten en la mesa, nos cuentan como la universidad no es pública, sino sólo es “de espíritu público”, que se abre a políticas por la igualdad de género, pero que inversamente se descubren casos de acoso sexual contra estudiantes, casos que no han logrado obtener ningún cambio político al interior del espacio educacional. El rector está alerta con las feministas, me dicen. Conocí casos en la Universidad de Concepción de académicos expulsados por apoyar a las estudiantes que denuncian hostigamiento sexual de parte de profesores, estudiantes acosadas por un académico del ramo de televisión, que jugaba con los zoom in y los zoom out sobre los pechos de las estudiantes.

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Los tentáculos del mar

En Cocholgüe estuvimos debajo de unos pequeños barcos de pescadores conversando antes de partir de regreso a Santiago. Eran piscinas naturales repletas de algas, formadas por rocas planas que detenían las olas varios metros al interior del mar, había niños y niñas en las aguas, los perros también se bañaban. Eran las seis de la tarde. En la caleta había un santo, Johan también vio pintada en una roca a Yemayá, la orisha marina, una deidad submarina pintada en los restos de lo que fue un gran puerto marítimo de exportación de telas. Eran familias de pescadores, pescadas secas colgando en la orilla del mar y nosotras en el agua, con una mujer que nos decía “ellos no son de aquí”. En Cocholgüe también escuchamos los gritos de la iglesia evangélica ubicada en el medio de las casas de los pescadores.

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En la micro de regreso a Concepción se subieron muchos jóvenes penquistas después del carrete en la arena, en las playas de Tomé, arenas donde abundan los restos de cangrejos. Venían compartiendo cervezas en lata. Cerca de Penco una de las jóvenes pasajeras sufre un vahído en medio del pasillo del microbús. Ya oscurecía en Concepción, un desmayo en medio de una locomoción pequeña, donde no cabía nadie más a pie, donde viajábamos con Jorge y Johan, quienes se fueron a pie durante los 45 minutos que se extendería el viaje (lo mismo que demora en Santiago mi trayecto al trabajo). Íbamos de regreso a Concepción, una ciudad muy distinta al Santiago contaminado y apocalíptico que se escribe en las páginas de “Inflamadas de Retórica”.

En la micro no cabía nadie más, nadie quería dar el asiento a una mujer embarazada y el dinero te lo cobraban en medio del viaje, haciendo un juego de roces y permisos constantes entre cuerpos de hombres y mujeres penquistas, de jóvenes que seguían la fiesta en el pequeño bus, que reían con los videos de Youtube. 900 pesos por cada boleto. En este pequeño bus es imposible no evitar el roce con los penquistas.

Nosotras íbamos con la toalla mojada, con arena en las piernas, con el recuerdo de las jaibas cocidas y las jaibas crudas, las señoras vendiendo kilos de jaibas en la calle. Una de las vendedoras, sentada, vendía con los ojos cerrados, dormía a un lado de sus jaibas. Una ciudad convulsionada políticamente contra Octupus, una central hidroeléctrica que calentará el mar, que destruirá la fauna marina y el trabajo de los pescadores. Mai, activista feminista gorda, vive en las alturas del cerro en Tomé y está terminando su carrera. Él invitó a Hija de Perra a la Universidad de Concepción hace unos años atrás y ha organizado encuentros de disidencia sexual en región. Vivió en Dichato, pero ahora vive en Tomé. Vivía frente al mar antes del terremoto de 2010 donde el agua finalmente ingresó a zonas pobladas como su casa. Mai no se imagina viviendo toda la vida en Tomé. Para el lanzamiento del libro “Inflamadas de Retórica” Mai leyó un politizado ensayo titulado “Lo mediático de la inflamable necesidad de detener la reproducción heterosexual”, un texto desde el resentimiento de una marica gorda y pobre, donde criticó los discursos liberales gays del periodista José Miguel Villouta. Según él, Villouta defiende una versión darwiniana del homosexual como si se tratara de una versión más sofisticada del hombre. Su lectura se escuchó como un vómito, como un habla que se desahoga en un espacio de activismos feministas del sur.

Mientras se realizaba este lanzamiento de libro en una sala, a un costado, en un auditorio, paseaban los niños de kínder en su graduación. Paradojas que habitamos: en una sala hablábamos en contra de la reproducción heterosexual y en la otra, niños y niñas educándose en un sistema educativo normativo en lo sexual.

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