Lo mediático de la inflamable necesidad de frenar la producción heterosexual, por Marcial Parraguez

Marcial Parraguez es activista disidente sexual del Colectivo El Clóset, artista visual digital y estudiante de periodismo y feminista. La siguiente es la presentación que realizó en el lanzamiento del libro “Inflamadas de retórica: escrituras promiscuas para una tecno-decolonialidad” de Jorge Díaz y Johan Mijail realizada el viernes 16 de diciembre en la facultad de Medicina de la Universidad de Concepción.

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Mientras las muñecas inflables con la boca censurada son utilizadas para promover el estímulo a la economía las travestis mueren en las calles, las niñas no pueden estudiar porque no tienen plata, inmigrantes son tratados como delincuentes por ex presidentes, en la tele los gays apoderados de la agenda nacional nos tratan de decir que la lucha cola es UNA y que nada debe obstaculizarla y que si no fuera por Luis Larraín se hubiesen ido del país.

Mientras matan a las compañeras en las calles y el imaginario heterosexual sigue atrofiando con insistencia el declive que con tanto ímpetu las activistas tratamos de desmontar, la muerte nos acecha en moleculares vicios que llegan luego de esa perdida educación sexual, de esos condones en mal estado, del placer culpable, de delito, de pecado, de sodomía, de castigo divino, de cascada al infierno, de maleante, delincuente y macabro bicho asesino, el chiste, qué risa, vivir así mientras queremos casarnos pero no vivir.

Mientras todas las dietas se ponen más de moda; caminar, marchar, “Inflamadas de retórica” se transforma en una revolución constante, latente que es necesaria para hurgar entre los deseos más profundos, escondidos al lado del secreto más oscuro, en el ano, en la guata, en el devenir inexplorado, insurgente.

“Inflamadas de retórica” de Jorge Diaz y Johan Mijail invitan a un viaje desde los activismos latentes, esos que no siempre se nombran, pero que existen y que son necesarios; hasta una crítica subversiva, constante, hecha propia, hecha un nosotras. Lo que no se cuenta a los que nadie toma en cuenta, de esas letras escondidas y experiencias de la filantropía anal.

Cabe preguntarse y repreguntarse lo distópico que resulta para las y los penquistas conversar, hablar, militar el feminismo, vivirlo, en un escenario new rich en el aburguesamiento de un Concepción con mirada PS, con mirada DC, con profundo espíritu católico y una efervescente necesidad de postular otras ficciones.

“Inflamadas de retórica” entonces es una nueva base, un piso fluorescente, un dancefloor feminista que llama, reza por el fin de una dieta, de un régimen tecno-chic mediático censurado, bloqueado, denunciado y eliminado.

Este feminismo cochino, sucio y con una revoloteadora pena morena no se cansa de traficar porque lo entiende como un way of living alejadísimo de lo que podría considerarse como el pink washing. Porque poner el cuerpo, retorcer la ideología, cubrir y censurar el patriarcado como acción violenta, es la nueva masacre necesaria de probar, una guerrilla armada feminista dispuesta a ensuciar lo blanco, lo limpio, la dictadura.

Es un zigzagueo constante entre la duda. Aquí estamos frente a la duda constante, a un panorama desolador por más prometedor que parezca. La no claridad como política efectiva. Porque aquí se cuestiona la claridad, se duda del autor y se re piensa la génesis de la escritura, del cuerpo, de la manera de escribir y de manejar un aborto y proliferar la información. También dejarlo como tarea pendiente esperando ser tachado. Abortémonos.

Porque es proponer un cuerpo, traspasar “lo que tengo entre las piernas”, porque ya no es eso, ese no es el tema, ya no se necesita buscar ni verificar, tampoco comprobar el reduccionismo corporal biológico/reproductivo. Es más lo que se necesita. Es una necesidad trascendente y democrática. Es anal. Es el cuerpo como órgano sexual no heterosexual dispuesto a la batalla constante, como arma biológica, un kamikaze terrorista infectado por el feminismo.

El espacio y su uso como campo de batalla. La intensidad y el cuestionamiento, la ansiedad y el flagelo disidente sexual en este escenario, en esta Facultad de Medicina, Universidad de Concepción-Casa Matriz-Campus Concepción.

“Inflamadas de retórica” engorda en subjetividad despellejando el autoritarismo sexual de a poco, y ansiosa al mismo tiempo, desbaratando todo sin freno ni espacio en el tiempo.

Cuando se lee:

“No tenemos teoría que defender porque la teoría somos nosotrxs mismos, encarnada en nuestras hablas, acciones y textos. Porque las feministas siempre escribimos, no podríamos negarnos la letra. Ya no podemos negarnos nada”

Logramos dilucidar una teoría Dr. Frankenstein, con una criatura apasionada por la escritura/monstruo armado de cuerpos incapaz de no criticar.

¿En qué se topa cuando la urgencia de crear y recrear desde la biología, el periodismo y el arte como ítems necesarios e ingredientes incapaces de no trabajar juntos, está latente y no se puede sino que crear y recrear?

Es necesario cuestionarse la literatura y la forma y el fondo que se entrega como LA FORMA y EL FONDO y LA LITERATURA que ES y que DEBE SER. Y ¿por qué? De dónde nace este fuego que inflama, quema y enferma a un reducto, una minoría, una manda, un activismo que lo cuestiona.

Desde esta escritura disidente se extiende entonces aquel freno impropio deseoso de mostrar carne. Otro obstáculo, otro desvío que aveztrucea al capital, desde la incógnita y la confusión es criticado, desde la ignorancia de la TV, la poca cultura gay o el exceso de la misma, el villoutismo y su igualismo larrainesco que no hace sino que potenciar una crítica necesaria en el espectro heterosexual de los medios de comunicación.

Todo esto no emerge y desata una intensa furia plasmada en estas letras morenas. Aquella furia visionada y contrasexualizada. Direccionada. Claramente direccionada. Escribamos el fin de la heterosexualidad y el comienzo anal. El vaporwave anal. La estética anal. La desarrollo de la revolución anal, la estrategia política anal. Una revolución morena latinoamericana cuir barroca travesti anticapitalista.

Porque “Inflamadas de retórica” es un incendio que por debajo de la piel, debajo del mantel, debajo de la alfombra meticulosamente revienta en medio de la ciudad, en la Plaza de Armas frente a la universidad en un academicismo tedioso y en un conglomerado de activismo viciado que efervescentemente susurra con un cuchillo afilado a una hegemonía latente.

La escritura como arma política de terrorismo en contra del Estado, de la sexualidad estatal. Porque el Estado es Heterosexual y la revolución de izquierda lo es. Es por esto que el libro también se sienta desde ahí, desde esa pena, porque la pena también es rabia y es una rabia filosa, una de temer.

Entonces la molécula inmigrante, una precaria molécula inmigrante enfadada, post humana, vegetal y en caída libre, es una pluma que como sirena sabe esquivar y su canto es un canto de lucha, de marcha, de activismo enrabiado.

Que el activismo seamos todas, que el cuerpo se desintegre en el océano del feminismo, que la crítica inunde cada agujero sin deseos de volver atrás. Tomar impulso y borrar lo que sea necesario eliminar.

Que la televisión y los medios de control supriman su patriarcado y con amor vegetal promuevan una liberación que analice sus propios medios de producción de contenido basura. Que muera el Kike Morandé que llevamos dentro y se desarticule el villoutismo exacerbado que se trata de filtrar como progresismo neoliberal. Que se frene de raíz, de todos los puntos del mapa, que el mapamundi tiemble y que se inflamen. Un quiebre en la producción heterosexual es necesario. Entonces, que exista.

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