“Los orígenes son siempre bastardos”. Una lectura desde el activismo no binario al nuevo libro de Nelly Richard

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Iv-n Figueroa Taucán, estudiante de sociología U. de Chile. Integró el Colectivo Lemebel.

La presentación del nuevo libro de Nelly Richard estuvo marcada por el cruce de 3 generaciones distintas de activismos comprometidos con la política sexual.  Como en el libro transitan tres décadas de textos desde finales de la dictadura hasta la actualidad. Compartimos el texto de presentación del libro “Abismos Temporales. Feminismo, estéticas travestis y teoría queer”, de Nelly Richard. Santiago, Ediciones Metales Pesados (Galería Metropolitana, 28 de septiembre, 2018). En la presentación participaron Raquel Olea, feminista de La Morada, y Juan Pablo Sutherland, escritor.

“Las políticas surgidas a partir de los Derechos del Niño son europeizantes y no representan nuestras necesidades”. Con esta frase Luis -activista no binarix del Perú- presentó el posicionamiento político de MANTHOC en el Encuentro Transnacional del proyecto ¡Es Mi Cuerpo!, realizado en Santiago en septiembre de 2018 y que reunió a activistas jóvenes organizadxs bajo la excusa de los Derechos Sexuales y Reproductivos en Perú, Chile y Argentina. MANTHOC[1] es un movimiento con más de 40 años de historia que trabaja en la actualidad con alrededor de 2.500 niñxs y adolescentes del Perú, quienes luchan por su derecho a trabajar dignamente. Trabajar, literalmente, en molinos, agricultura, comida callejera, entre otros oficios. Estxs jóvenes que no superan los 16 años, viajaron a un país (éste) donde el trabajo infantil está penalizado desde hace años. Al terminar el Encuentro, lxs activistas manifestaron no sentirse escuchadxs por las otras organizaciones convocadas: Chile y Argentina se estaban articulando para levantar una campaña regional por el aborto libre, sin embargo, lxs jóvenes activistas del Perú afirmaron que una campaña bajo esos parámetros es imposible en sus áreas de intervención, pues los procesos de concientización y reflexión colectiva no han ido al mismo ritmo que en los otros países. Niñxs que trabajan, estudian y se organizan contra la violencia sexual que les rodea no fueron escuchadxs por activistas latinxs que afirmaban que replicar sus procesos en Perú, les ayudaría a “avanzar más rápido”.

¿Cuándo algo avanza? ¿Avanza el feminismo con la implementación de políticas de identidad de género? ¿Con el aborto legal? ¿Con la transformación de las “corrientes de la subjetividad colectiva”? ¿Avanza en cualquier momento, de la misma manera y sin importar sus costos? ¿Quién determina que algo avanza?

 Abismos Temporales. Feminismo, estéticas travestis y teoría queer, agrupa tres décadas de pensamiento de Nelly Richard, partiendo desde el Congreso Internacional de Literatura Femenina Latinoamericana de 1987, hasta el 2017 (pasando por el Bus de la Libertad y la campaña trans-fascista de Felipe Kast para el Día Internacional de la Mujer). Esta selección híbrida de textos, a pesar de abarcar un período de tiempo determinado, da la impresión de no querer marcar líneas claras que establezcan límites definidos entre futuro y pasado como ejes de avance/retroceso, progreso/retraso, pero sí de distinguir entre territorios y contextos de acción.

“El Sur genera torsiones perversas que desvían el regulado tráfico de las citas internacionales administrado por el Norte”[2]. Sur y Norte -desde la tradición del conocimiento ilustrado-, conforman vías de tráfico entre pasado y futuro, entre un Norte angloparlante que universaliza sus paradigmas y observa con cautela los movimientos del caos sudaca que archivará. Sin embargo, en Latinoamérica las coordenadas se distorsionan, los tiempos se convulsionan entre la memoria de virreinatos, imperios, fronteras movedizas, flujos migratorios y tentativas de organización transnacional. N. Richard emprendió un recorrido crítico que llega muy desconfiadamente a lo queer. Recorrido que va del sur al norte, que da vuelta el mapa de los flujos teóricos tradicionales. Solo desde esta perspectiva podemos empezar a comprender por qué MANTHOC no está poco desarrollado y por qué una sociedad sin trabajo infantil y con debates públicos sobre identidades en fuga tampoco es el paraíso de la libertad: habitando un lugar del pensar donde cada territorio tiene sus propios códigos.

Abismos Temporales establece relaciones de causa-consecuencia o de irrupciones globales sobre ritmos locales. Lo queer ofrece el señuelo de una existencia sin límites en un mundo donde sería posible traspasar cualquier frontera de identidad sin que ninguna desgracia material nos recuerde las zonas de catástrofe que obstruyen los transcursos de vida de los sujetos vulnerables.”[3] En Abismos Temporales, queer significa sospecha, globalización y desestabilización, se asocia al idealismo y a la omisión de los privilegios. Pero los flujos del sur dan vueltas interminables, adaptando las influencias extrajeras a realidades imposibles.

A 179 kilómetros de Copiapó se encuentra Freirina, zona de sacrificio ambiental hasta el año pasado que, al igual que Ventana, Quintero, Huasco y Puchuncaví, entre otras localidades, han sido dejadas de lado por un Estado que no se hace cargo de sus procesos productivos, naturalizando la muerte silenciosa como vía de desarrollo. Allí, un grupo de estudiantes levantó la colectiva Freirina Queer que, en poco tiempo, se transformó en Atacama Queer, menores de edad que incluso educan a adultxs de la zona. Creo no equivocarme al plantear que, en el caso de esta organización de estudiantes secundarixs, la intención de ocupar el término queer no responde a una jugada por adaptar sus identidades a una tendencia académica, sino que una categoría contagiada como esa les da la oportunidad de que sus opresiones e inquietudes locales tengan cabida en un concepto que, por una parte, invita a sus comunidades a modificar sus percepciones sobre las jerarquías de género y, por otra, les permite llegar más allá del lugar donde viven, trascendiendo el anonimato de una zona sistemáticamente silenciada. “Diamela Eltit propone “examinar el espacio y el momento en donde los conceptos y las prácticas metropolitanas se encarnaron en los cuerpos locales”[4].

He trabajado y establecido relaciones político-afectivas con organizaciones de estudiantes secundarixs (organizaciones secundarias) que exigen tanto garantías estatales como desplazamientos culturales en relación a la libre determinación de sus flujos sexuales e identitarios. Cabrxs organizadxs que, después de algunos meses de estabilización colectiva han llegado al mismo punto de inflexión: ¿somos feministas?

42922254_10156246768362663_5762413537775321088_oCiertas bases del llamado “Mayo Feminista” de este año recorrieron aquel camino de forma invertida, es decir, adoptando la palabra feminista como una identidad ya resuelta para, después, preguntarse qué hacer con ella inserta en su autobiografía. Un símil a lo que está sucediendo con la palabra queer en Atacama.

Por su parte, el Congreso de Literatura Femenina de 1987 contiene debates no revisitados por el resurgimiento feminista del 2018 en su devenir masivo, donde el planteamiento radical de la corporalidad-mujer como un “sustrato primitivo no contaminado al que tendríamos que acudir como refugio”[5], hace de las tomas universitarias espacios seguros solo para aquellos cuerpos que se acercan a esa identidad esencial, identidad a la que lxs corporalidades trans y no binarixs han tenido que tratar de asemejarse de forma estratégica para encontrar compañía en un movimiento social que sigue siendo, principalmente, cisgénero. Estxs cuerpxs se han visto en permanente fuga en una movilización que agrupó mujeres en largas movilizaciones separatistas (tomas y paros que se extendieron por más de dos meses) y hombres de vacaciones. Sin embargo, el giro lingüístico de espacios que migraron desde denominarse “Toma de Mujeres” a “Toma Feminista”, por ejemplo, permitieron el debate conjunto y diferenciado de construcciones identitarias que rechazan la figura del varón cis-heterosexual. Ha sido el separatismo binario y la política partidista, lo que ha llevado a las organizaciones secundarias antipatriarcales a preguntarse si comulgan o no con el feminismo que se les presenta: el feminismo de redes sociales de esta generación. Recordemos que, a diferencia de recorridos teóricos como los de N. Richard, las nuevas generaciones de activistas se están formando en un contexto cultural donde las identidades creativas -que desbordan el género binario- son una posibilidad cada vez más cotidiana, constituyendo sistemas materiales donde la dicotomía hombre/mujer está quedando obsoleta.

La travesti nacida en democracia ve los cuerpos de las viejas como el límite máximo de la representación artificial de un lejano referente hollywoodense; mira alrededor y se desplaza entre las diferentes opciones que ofrece la parrilla identitaria local. De ahí, que términos como No Binarix o Género Fluido operan como categorías que entienden el artificio de la identidad. Son enunciaciones post-travestis que, a pesar de incorporarse paulatinamente a las Asambleas Feministas bajo el término de “disidencias” como la mascota política de las mujeres (según afirmó una profesora de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Chile), deambulan en el límite de la cooptación neoliberal[6] y la incipiente irrupción transfeminista en un contexto de movilización nacional que olvidó la memoria histórica que almacena los frutos de la relación política entre mujeres, lesbianas, marikas, trans, travestis e identidades no heterosexales (no binarias, en general).

disco-naxosEl feminismo universitario del 2009 (período abordado en el libro desde las acciones de la CUDS) recorría caminos diferentes a los que convergieron en Mayo del 2018, donde la inclusión de cuerpas excéntricas aún parece novedad. Seguirle la pista al neoliberalismo en la obra de N. Richard, implica leer los fenómenos culturales que permanecen, según el frágil lente del tiempo presente y el distanciamiento crítico; implica identificar cuándo lo que fue subversión es cooptado por la estructura hegemónica/institucional que con el tiempo seguirá modificándose.

Para la época en que N. Richard interpreta a las Yeguas del Apocalipsis, es decir, en un contexto postdicatorial y de diálogo crítico con la Escena de Avanzada, el travestismo opera como una ridiculización estética al arte sofisticado en el que la Escena de Avanzada encontró su nicho. Suena incluso violento, en el contexto actual, pensar en el travestismo como una ridiculización en sí mismo. Es una trampa de miradas observar el choque sexual en la cultura desde el ojo de quien se siente ridiculizado por tener en frente un torbellino de intensidades, es mirar desde la perspectiva del poder, seguir la línea recta. “Las subversiones críticas de la identidad sexual no consisten en la simple inversión de lugar (superior/inferior) de los términos incluidos en una determinada escala binaria (positivo/negativo) de valor y reconocimiento (lo femenino en lugar de lo masculino; lo gay o lo trans en lugar de lo heterosexual) sino en producir divergencias de sentido que alteren los modos de representación establecidos.”[7]

A pesar de que N. Richard insista en el artificio y el efecto-no-funcional que constituiría la figura de la travesti (el travesti, escribe ella, pensando en las Yeguas del Apocalipsis y aquellos sujetos que quebraban el status quo ochentero), no podemos perder de vista que su montaje se despliega en la híper-realidad del espacio público, donde existe por sí misma y por la historia que su cuerpo lleva inscrita, no solo por lo que está representando. La travesti existe, es más que un conjunto de apropiaciones y tiene una sociabilización propia, en cuanto construye su propio cuerpo histórico, cuerpo que le pertenece. Dado esto, ¿podemos seguir afirmando que su existencia corresponde a una representación? Entendiendo representación como “figuración estética que separa la realidad de sus apariencias”[8], creo que no.

Desde el marco conceptual que se podría generar al pensar objetos culturales actuales desde el eje representación/transfiguración, se me vienen a la mente la compañía de teatro La Niña Horrible y la Yeguada Latinoamericana, respectivamente. En enero, conversamos con Nelly después de en una función de Los Tristísimos Veranos de la Princesa Diana, de la compañía La Niña Horrible. En esa oportunidad, escribí que “referirnos a la estrategia escénica de La Niña Horrible como actores travestidos para la escena es radicalmente diferente a hacerlo como travestis en escena. Una travesti en escena, implicaría llevar un cuerpo lleno de historia e información sin la cual no es travesti. Se es travesti en contextos que determinan los signos que son leídos como travestismos, signos que se oponen a los cuerpos hegemónicos que lideran los sistemas políticos (…) Hablo de actores travestidos y no de actrices travestis, porque son cuerpos sin un imaginario relevante que salga a la luz”[9], cuerpos sin cicatrices. Nelly, por su parte, veía en la obra de teatro Diana una versión de Francisco Casas. Creo que el teatro y la disco son espacios propicios para la representación, donde la realidad puede separarse radicalmente de sus apariencias.

Por el contrario, es un yo el que se transfigura en la hiperrealidad del espacio público, mientras es una identidad y corporalidad otra la que se toma un cuerpo para ser representada. Transfiguraciones de ideas como las que unen a la Yeguada Latinoamericana[10], acción colectiva desde la idea original de la performista Cheril Linnet, en que un ejército de yeguas centáureas se mezcla con la estética autoritaria para mostrarle la cola a la patria y sus instituciones, expone una unión de deseos rabiosos, debates y biografías que deviene en una colectividad de cuerpos y mentes mutantes caminando por la calle, en un ritual que, como tantos otros, se pierde en las corrientes temporales de la ciudad. “Los artificios del teatro, la performance y el cabaret de los que abusan las puestas en escena de lo trans y lo drag ofrecían la tranquilidad de ocupar un escenario teatralmente montado para separar la ficción (los cuerpos performados) de la realidad (los cuerpos micropolíticos y sus devenires contingentes que pugnan en los márgenes de la academia)”[11], “como si no existiese afuera del teatro o del video un mundo que continúa padeciendo opresiones y exclusiones de género que siguen requiriendo del feminismo como arma política de resistencia crítica”[12].

Richard refleja una forma de hacer crítica donde son sus letras las involucradas en el medio, algo clásico en circuitos universitarios o artísticos, pero muy mal valorado en algunos espacios de activismo (reproduciendo la dicotomía entre feminismos teóricos y feminismos militantes, según lo que describe en uno de sus textos). Acercarse a su obra es una oportunidad dual de mirar lo que selecciona desde una perspectiva políticamente implicada pero siempre distante, escribiendo desde fuera de la Academia, aunque no precisamente desde la calle ni desde las profundidades de su habitación. La intención de torcer la mirada en Abismos Temporales, deja al descubierto -entre subtextos de pasajes como una aguda conversación transcrita entre Nelly y Pedro Lemebel- que es difícil mirar de forma oblicua con el centro inmovilizado, con el oficio y sus contradicciones a cuestas.

[1] Movimiento de Niños y Adolescentes Hijos de Obreros Cristianos (https://www.manthoc.org.pe/)

[2] P. 187

[3] P. 191

[4] P. 187.

[5] P. 27.

[6] Que incluso permiten a cuerpos hegemónicos hacerse de una identidad cualquiera, como Felipe Kast al ponerse y sacarse la peluca en el video que publicó el año pasado en el Día Internacional de la Mujer –video citado en el libro-.

[7] P. 34.

 

[8] P. 110

[9] “Abyecciones sin tiempo ni lugar”, crítica a Los Tristísimos Veranos de la Princesa Diana, de la compañía La Niña Horrible, publicada en http://revistahiedra.cl/criticas/critica-los-tristisimos-veranos-de-la-princesa-diana-2/ (Festival Internacional Santiago Off, enero, 2018).

[10] Link a “Gloriosas”, acción de la Yeguada Latinoamericana en paralelo a la Parada Militar 2018:

[11] P. 119

[12] P. 33.

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