Anos que explotan aquí sus memorias por Ernesto Orellana

Una reflexión activista y una investigación situada a propósito del libro  “Antología del Culo (textos de placer anal y orgullo pasivo)” del escritor argentino Adrián Melo.

Ernesto Orellana G. Dramaturgo y Director en Teatro SUR. Activista CUDS

 

 

 

 

 

“Antología del Culo, textos de placer anal y orgullo pasivo” (Buenos Aires: Aurelia Rivera Libros, 2015, 206 páginas) de Adrián Melo, reclama el acceso al culo público, descercándolo de la verga federal del estado argentino, esa que hoy intenta arrasar con todo lo que había sobrevivido para vendérselo al imperio occidental del Neoliberalismo, agrupando entre sus páginas textos dispersos de autores, en su gran mayoría varones, que recuerdan e imaginan, sobre anos y culos. Artistas, periodistas, escritores, guionistas, dramaturgos, poetas, míticos, anónimos, filósofos, actores; señalando fechas insólitas de antes y después de cristo; fragmentos que en su deseo agrupado construyen una representación por el atrás que se da la vuelta y se pone por delante en un objeto que, a sabiendas de su disputa ideológica múltiple: el libro puede ser arma, pero tan bien placebo, desborda sus doscientas páginas reivindicando el derecho a leernos desde los culos y sus orificios. Melo le arrebata a la literatura masculina greco romana latina, imaginaciones y ficciones en base principalmente a datos biográficos anales subversivos y, en otros casos, a evidentes violencias contra-anales que forman parte del canon de la literatura masculina argentina, para proponer en su agrupación un insulto literario que incluye una sutil, pero aguda introducción situada en contexto del compilador autor. Todo esto dirigido principalmente a la policía heterosexual argentina, esa que se alía con ese mismo canon literario que cita, excesivamente masculino dominante con el orden y yugo del falo que en Italia asesinó y esconde de sus librerías y museos a un sodomizado Pier Paolo Pasolini, que en Argentina repugna y se avergüenza del Sida del mariquita Copi, y que en Chile sacaba ronchas vengativas mientras contemplaba cómo la excéntrica figura de la loca maricona comunista del Zanjón de la Aguada, se ganaba el cariño de un pueblo pobre, poniendo el culo rojo por delante, en reemplazo de la consensuada mejilla post-dictatorial de la transición cultural, y literaria.


Castigo propuesto por la inquisición a los sodomitas

El libro, es un selecto recorrido histórico por culos occidentales, pero también intenta irrumpir recogiendo un llamado a una “ética marica”, muy sugerente en el actual y complejo escenario homosexual a la vista: uno que evidencia la popularidad del mainstream gay olvidando luchas colectivas y proyecciones críticas en reemplazo de privilegios individuales naturalizados por la burguesía sexual, y otro, por cómo tanto desde veredas políticas de izquierdas, centros y derechas, se ningunea y condena todo aquello que no pertenezca a esa “familia nuclear” que el estado heterosexual impone, aliado a la efervescencia cristiana, moralista y fascista. Melo, trae de vuelta esa “ética”citando a los difuntos Paco Vidarte, o Néstor Perlongher, a este último, como si fuese un viejo amante que lo trae de vuelta varias veces, observándole, tocándole, y agradeciéndole en un tierno bello gesto la inspiración rebelde de habitar otras formas de vida y representaciones de nuestros cuerpos en el sistema sexo-género que la compañera Foucault señaló varias décadas antes en su monumental Historia de la Sexualidad, develando el pacto del nacimiento del Estado Nación en manos de la burguesía con la idea de CUERPO en base a familia, sexualidad, sexo y género, y que Adrián Melo, resignificándolo como idea para la imaginación de este libro, se encarga de advertir con entusiasmo en su introducción, promoviendo la subversión de una historicidad jamás acabada:

“Si el ano aparece exclusivamente como el lugar de la humillación, de lo prohibido, de la locura y de lo marginado; si la historia habla del culo políticamente asustado, el análisis del ano y la puesta en escena del deseo anal quizás permitan develar las estructuras de poder que se esconden tras este orden del discurso y deconstruir las estructuras sociales y de género que se sustentan sobre esas bases, sobre esos miedos”. Más adelante arremata:

“El ano es metáfora del control y la vigilancia sociales, control que alcanza a los cuerpos, obliga a cumplir con estereotipados roles de género e induce respecto de cómo actuar, trabajar, vestir y amar”.

No son pocas las voces y cuerpos que han reivindicado el ano del culo. Pero lo que sí es necesario afirmar en territorios donde fácilmente se olvida, es que desde la “Historia de la Sexualidad[1], y el “AntiEdipo[2], las palabras que de-construyen al ano en el sistema sexo-género, han permitido una avanzada de subversión de ciertas zonas de nuestros cuerpos y sus “naturalezas”, permitiéndonos representar la realidad sexual, al revés, torcida, rara, desviada, sucia, rebelde, contingente y política. En el año 2000, un activista queernacido al norte del Reino de España, ex Beatriz, hoy Paul Preciado, lanzaba la primera edición en Francia, de su delirante invitación contra-sexual declarando el fin de la naturaleza como orden que legitima la sujeción de unos cuerpos a otros. Preciado, resignificando el “Género en Disputa” de Butler, inauguraba su manifiesto contrasexual, definiendo en primer lugar un “análisis crítico de la diferencia de sexo y de género producto del contrato social heterocentrado cuyas performatividades normativas han sido inscritas en los cuerpos como verdades biológicas”[3], desobedeciendo alternativamente las normas del “pensamiento heterosexual”agudamente señalado por la poeta lesbiana feminista Monique Wittig, casi dos décadas antes. Preciado,proponía un reconocimiento público a la posibilidad de acceder a todas las prácticas significantes y posiciones de enunciación del cuerpo, declarando en el mismo la renuncia a una identidad sexual cerrada y determinada naturalmente, como también a los beneficios de su naturalización de efectos sociales, económicos y jurídicos. Sentenciaba:

El nombre de contra-sexualidad proviene indirectamente de Foucault, para quien la forma más eficaz de resistencia a la producción disciplinaria de la sexualidad en nuestras sociedades liberales no es la lucha contra la prohibición (como la propuesta por los movimientos de liberación sexual anti-represivos de los años setenta), sino la contra-productividad, es decir, la producción de formas de placer-saber alternativas a la sexualidad moderna. Las prácticas contra-sexuales que van a proponerse aquí deben comprenderse como tecnologías de resistencia, dicho de otra manera, como formas de contra-disciplina sexual”*.

 

Escultura precolombina sodomítica

Un año antes, al Sur del mundo, un 12 de Julio de 1999, terminaba un marco legal que databa escandalosamente desde 1874 y que castigaba con presidio de 500 días a tres años de cárcel, la sodomía entre hombres adultos en Chile. La Ley 19.617, era finalmente aprobada como Ley de la República, en el marco de la presidencia de Chile del demócrata cristiano Eduardo Frei Montalba, producto de la que haya sido “la gran victoria política, legal y simbólica del Movimiento de Liberación Homosexual en Chile” como más tarde recordara el activista Víctor Hugo Robles. El hasta hoy polémico artículo 365 del Código Penal que penalizaba la sodomía homosexual desde 1874, era modificado tras una ardua batalla de activistas e intelectuales, ingresando al parlamento por la “cámara baja” en 1995, estancada inmediatamente por la venerable “cámara alta” que temía un des-generamientocolectivo social homosexual, y que ante la ineptitud del diálogo, resuelta por acuerdo finalmente recién en 1998 por comisión mixta, decide por cinco votos contra dos, despenalizar la sodomía consentida entre hombres adultos. Imposible no recordar que el actual ministro de justicia Hernán Larraín, de la Unión Demócrata Independiente (UDI),fue uno de los dos votantes contra la despenalización de la sodomía en Chile. La memoria anal es frágil. Y la lucha continúa, pues esta ley que despenalizaba la sodomía en adultos, conservó estratégicamente su artículo 365, modificando su condena a sancionar a los hombres que accedan “carnalmente” a un menor de 18 años de su mismo sexo sin que medien las circunstancias de violación, penando con la misma reclusión. El Estado de Chile asumió la derogación del artículo que permite el consentimiento heterosexual y lésbico para mayores de 14 años, sin embargo, en el caso de homosexuales hombres, para mayores de 18. Año tras año, organizaciones dispersas LGTBQI+, han ejercido presiones de distintas formas para eliminar este discriminador artículo que castiga absurdamente al adulto que sodomiza al joven y que libera de responsabilidad penal al joven que sodomiza al adulto, como si el joven homosexual no tuviera derecho a su orgullo pasivo, a su “acceso carnal”. Como si el que se voltea no lo hiciera voluntariamente, como si fuera más placentero meterla que recibirla. Como si ser homosexual significara sólo “meterlo”. Este 2018, cinco ministros del ya famoso Tribunal Constitucional contra cinco ministros enfrascados en una nueva polémica terminaron una vez más por continuar la permanencia del 365, legitimando judicialmente la discriminación sexual a los jóvenes homosexuales que gustan de tener sexo por el culo.

Hoy, en Chile, es delito que un joven de 17 años, sea penetrado por uno de 19. Hoy, en Chile, la sodomía sigue siendo un castigo, prejuiciado, penalizado, una política de Estado Sexista, cuya policía heterosexual limita la libertad sexual de los sodomitas.

En este contexto, recibo esta antología como un tráfico transfronterizo contrasexual que desafía la autoridad sexual normal/legal, que recoge imaginarios maricas, muchos de ellos perseguidos, otros directamente asesinados, radicalizando en gestos poéticos sus fechorías anales, relatando episodios nocturnos, poetizando sus deseos.

Los anos que aquí acontecen, son anos a los que les gusta ser penetrados, que gozan y relatan sus sentimientos, imágenes, sonidos, consejos, describiendo la textura de sus fluidos, de sus músculos, sus rincones, que gozan con los penes y dildos de diferentes tamaños, anos secos, lubricados, jóvenes y más viejos, culos que gimen, culos tiernos, radicales, románticos, culos griegos, romanos, latinos, americanos, culos clásicos, modernos y post modernos, barrocos, dramáticos, cómicos, la mayoría trágicos y abyectos. Culos que explotan aquí sus memorias, y es que sin memoria sexual no somos capaces también de comprendernos. Y compartirnos el placer. Estos anos describen movimientos, luces, sectores, habitaciones, baños, saunas, pasajes, antros, parques, sombras entre sombras, culos que chorrean semen cayendo por las pelvis y piernas, anos que cagan, anos encarcelados que traspasan sus rejas. Estos anos sin rostro gritan, se hablan, susurran, se aconsejan, son culos que conducen a sus torsos darse vuelta, acomodar sus piernas abriéndolas. Son culos improvisando posiciones y que se preparan para recibir toda la carne ofrecida por el mundo, sobrepasando el primer dolor del pinchazo y sumergiéndose en el placer máximo, sangrando, humectados, cagados, para describir finalmente sus inolvidables orgasmos.

Reconozco, que me entretuve googleandolos nombres de estos anos en su mayoría hombres maricas públicas, otras no tanto, otros escondidos de los severos látigos de las familias, ciudades, países, trabajos. Reconozco que ha medida bajaba llegando al sur de las páginas que me llegaron por correo, me excitaba la galería de latinoamericanos escritores, en su grandísima mayoría argentinos, si bien por localización de quien edita, también por posicionamiento ético marica. Reconozco que extrañé a Sarduy. Reconozco mi alegría perversa cuando me encontré con Pasolini, Genet, Orton, Perlonguer y Lemebel. Reconozco que mientras leía la antología intentaba responderme, por qué aquí, entre esta selección de letras, no existen casi nada las mujeres. Es cierto, el autor compilador lo explica sin mucho detalle en su introducción, pero deja en claro al menos que su deseo abyecto es compilar en esta “primera selección el goce anal entre hombres y en la belleza del culo masculino”. Pero allí, cabría preguntarse, política y éticamente,  sobre todo ante la avanzada que los feminismos nos han convocado en torno a los controles, órdenes, transgresiones y subversiones del género, por qué entonces continuar restringiendo lo masculinoal dominio de los hombres, como si lo femeninosólo fuese un asunto de mujeres, como si los hombres no pudieran feminizar sus anos, porque es preciso recordar que en esta misma antología anal, muchos culos precisamente transgredieron su propia masculinidad y hombría.

 

Ernesto Orellana, actor, dramaturgo y activista transfeminista.

 

[1]Michel Foucault (1976)

 

[2]Gilles Deleuze y Félix Guattari (1972)

[3]Preciado, “Manifiesto ContraSexual” (*)

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