Los Justos: Atentar contra la revolución heterosexual, por Lucha Venegas

Lucha Venegas, filósofa feminista y activista CUDS, propone una situada lectura desde la disidencia sexual a Los Justos de Albert Camus dirigida por Ernesto Orellana. La obra se encuentra en cartelera desde el 01 al 24 de agosto en la sala SIDARTE. 

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¿Por qué como activistas politizadas debemos desconfiar de “la revolución”, siempre encabezada por la heterosexualidad que omite de modo insistente los cuestionamientos a la dictadura sexual hétero-reproductiva? ¿Para/por qué atentar contra la dictadura heterosexual? ¿Acaso no basta con las nefastas, cruentas e [in]soportables violencias que nos exigen naturalizar? La revolución y sus maneras, siempre muy heterosexuales, seguirá imponiendo como natural (y por tanto obligatoria) la sumisión de las mujeres a la familia, la reproducción, los trabajos domésticos y la criminalización del aborto sin apellidos.

 

Este 01 de agosto se estrenó la obra “Los Justos, cruzados por el deseo y la política”, dirigida por el actor trans- feminista y activista de la disidencia sexual Ernesto Orellana. Desde el 01 al 24 de agosto en el Teatro SIDARTE, la polémica obra trae a escena la obra de Albert Camus que nos hace con-vivir en las conversaciones y reflexiones de un grupo de terroristas revolucionarios que quieren acabar con la tiranía zaristas ad portas de una de las revoluciones más importantes del siglo pasado, la Revolución Rusa.

 

Sin embargo, la obra tuerce a los revolucionarios a cuestionar-se a ellos y el futuro, siempre muy heterosexual, y sobre la posibilidad de atentar contra “Los Niños”, o dicho de otro modo, atentar contra la familia y la heterosexualidad obligatoria. Con heterosexualidad no nos referimos a las “personas heterosexuales” [si es que han de ser posible tales personas]. Es decir, heterosexualidad no se traduce como una persona que tiene relaciones sexuales con alguien del sexo “opuesto”, pues ya está suficientemente demostrado que no hay sólo dos sexos ni que estos son una constante mayoritaria en “nuestra” especie humana.

 

Sabemos que la heterosexualidad es una ficción política que goza de amplios grados de publicidad –engañosa, por lo demás-, desde la cuna, pasando por el registro civil, el jardín infantil, la escuela, la universidad, el trabajo, la televisión, canciones, películas, literatura naturalizan el mito de la heterosexualidad, el amor romántico, la pareja y la reproducción, que es sinónimo de mujeres esclavizadas en la familia desde la Grecia Antigua y su democracia como sistema político que la élite persiste en sacralizar.

 

Incluso las liberales políticas homosexuales consagran la heterosexualidad obligatoria, la refuerzan, le dan nuevos ánimos de legitimidad –insisten en naturalizarla. Después de todo, las políticas homosexuales buscan que los “gays” sean parte del grupo de privilegiados, siempre y cuando estos y sus políticas validen la institucionalidad patriarcal que desde sus orígenes agrede, explota, viola, mata a sus propios miembros (niños violados/abusados sistemáticamente, mujeres golpeadas y asesinadas por sus parejas, etc.), y los privilegios de esos cuerpos se basan en la violencia a otros cuerpos.

 

“Los Justos, cruzados por el deseo y la política”, dirigida y localizada por Ernesto Orellana, nos trae a escena al grupo de revolucionarios que en 1905 atentaban contra un símbolo de la opresión, el Gran Duque Sergio, Gobernador de Moscú. Nada nuevo, dirán ustedes, después de todo los estados-democracias contemporáneas y la Declaración de los Derechos Humanos están basadas en la matanza de los reyes franceses y el festejo de dicho hito: la revolución francesa encabezada por la burguesía. En la obra los revolucionarios heterosexuales reflexionan si matar o no a los sobrinos niños que acompañaban al duque. Ni el otrora holocausteado pueblo judío se paraliza frente a la duda de matar niños, considerando que el 80% de los habitantes de Israel apoyan la masacre emprendida por su estado contra Palestina llevada acabo en estos momentos y desde hace 6 décadas. Pero acá el romántico, universalista y heroico revolucionario heterosexual se niega a poner la bomba por considerar a “los niños” como a priori inocentes, bondad pura, reserva humana para el futuro. “¿Acaso conoce a estos niños”?, le pregunta la Gran Duquesa al revolucionario por haberse negado a matar a los sobrinos del Gran Duque. Después de todo, mal que mal, es ella como mujer la que seguirá condenada, pos-revolución hétero-sexista, a los cuidados, la reproducción y la familia, pues la revolución heterosexual no nos asegura nada, excepto que seguiremos teniendo amos -queridos o no.

 

Los protagonista Dora (interpretada por Claudia Cabezas) es la revolucionaria enamorada del poeta a cargo de poner la bomba que ella misma a fabricado, Ivan (interpretado por Nicolás Pavéz), donde ella se muestra demasiado comprensiva con la decisión de su enamorado de no matar a la familia del zar –para los revolucionarios heterosexuales la familia no se toca.

 

Refiriendo un amor no politizado, seremos condenados por él a seguir sufriendo los nefastos designios de la revolución y atentados hétero-sexistas. Como mujeres en este desacuerdo socio-político como marco de realidad/posibilidad, debemos dudar de ese amor demasiado heterosexualizado, ya que después de todo, como señala Diamela Eltit, “el amor es el opio de las mujeres, y hasta un poco kitsh”. Si ha de ser la revolución, si ha de ser posible, por lo menos hay que despatriarcalizarla, descolonizarla, desheterosexualizarla, o ya hartos, abortarla. En la obra la discusión no es si el fin justifica los medios, sino que si la familia debe permanecer resguardada de los atentados políticos contra la funesta tiranía.

 

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Un comentario en “Los Justos: Atentar contra la revolución heterosexual, por Lucha Venegas

  1. muy bueno tu texto lucha… además de lo que dices, la lógica patriarcal de la ley del talión, el código de hammurabi, el ojo por ojo, se mantiene desde hace milenios…

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