Del código de barras al código QR: en torno a las dinámicas de disciplina y control

Por Felipe Rivas San Martín*

 

  1. En marzo de 2012, la Policía Nacional o Cuerpo Nacional de Policía de España, capturó dos bandas rumanas que obligaban a mujeres a ejercer la prostitución, tatuándolas con códigos de barras. El tatuaje incluía el monto que estas bandas les endosaban a las mujeres (pasajes aéreos, costos de estadía) y que funcionaba como justificación de su reclusión y trabajo sexual forzado.

 

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Imagen que acompañaba la noticia de la redada a las bandas rumanas de prostitución, tomada de Internet.

  1. Es común que los grupos anticapitalistas utilicen el código de barras en sus carteles o campañas, como un símil carcelario, en el que las líneas paralelas de su lenguaje binario son presentadas como barrotes. Esta apropiación del código de barras plantea ilustrativamente que en el marco capitalista, el sujeto se encontraría recluido en un dispositivo de consumo disciplinario y estandarizado, sin libertad, al igual que los presos de una cárcel.
  1. Se entiende al código de barras como un código unidimensional que contiene información encriptada que identifica los productos en forma precisa, “única, global y no ambigua en un punto de la cadena logística y así poder realizar inventario o consultar sus características asociadas”[1]

El código de barras se estructura como un lenguaje binario (0,1) compuesto por una serie de barras o líneas paralelas de diferente grosor y espaciado que contienen la información y se leen de izquierda a derecha. En el caso de la estandarización EAN[2], los códigos –además de las líneas- incluyen una cifra numérica de 13 dígitos cuya estructura se divide en cuatro partes:

  • “Código del país en donde radica la empresa, compuesto por 3 dígitos”. No está relacionado con el país donde se fabricó el producto, sino el país donde está radicada la empresa que otorgó el código.
  • Código de empresa. Es un número compuesto por 4 o 5 dígitos, que identifica al propietario de la marca. Es asignado por la asociación de fabricantes y distribuidores (AECOC).1
  • Código de producto. Completa los 12 primeros dígitos.
  • Dígito de control.”[3]
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Inscripción de código. Felipe Rivas San Martín. Tatuaje sobre el cuerpo del artista. Realizado para el encuentro de performance “La Marca”, UNIACC, 2015. Foto registro de Manuel Bruit.

De la cárcel al laberinto

El código de barras -inventado en 1952- se estructuraba como un sistema binario y disciplinario de líneas paralelas que se leen unidireccionalmente de izquierda a derecha. Se encontraba constitutivamente asociado a la empresa del país que emitía el código, siendo –ese dato país/empresa- parte integrante del código mismo, en tanto cifra.

El código QR también es un sistema binario, pero a diferencia del código de barras, no se estructura como una sucesión de líneas verticales paralelas que codifican de izquierda a derecha, sino más bien como un mosaico que se lee transdimensionalmente[4] en el plano bidimensional en el que se lo re-presenta e inscribe. Así, mientras el código de barras podía todavía asemejarse a una cárcel donde las barras paralelas recordaban los barrotes de hierro que impiden a los presos escapar de su lugar de reclusión, el código QR parece más bien un tablero de ajedrez en desorden o la perspectiva de un laberinto en vista aérea: algo así como un laberinto-QR.

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Queer games II. Intervención con un código QR en el videojuego MINECRAFT. Construido con “bloques de arena y lana verde” proporcionados por el videojuego. Felipe Rivas San Martín, 2013. Al ser escaneado, el QR code enlazaba al video en Youtube del primer capítulo de la serie “El Laberinto de Alicia”, sobre pedofilia, transmitido por Televisión Nacional durante 2011. Actualmente el enlace se encuentra roto y el QR direcciona a la plataforma general de Youtube.

Formalmente, habría que decir aún más: el laberinto-QR es uno muy especial. Mientras el laberinto convencional posee un punto de entrada y uno de salida definidos programáticamente de antemano, y cuyo recorrido marcan el éxito o fracaso de la empresa, el laberinto-QR no tiene un punto único de entrada y salida sino múltiples puntos de salida-ingreso sin un recorrido programado o pre-trazado. Desde una vista aérea (como la que impone la plataforma virtual de Google Earth), habría que pensar este laberinto-QR ya no como un laberinto propiamente tal, coherente y autosustentable en su unidad de sistema, sino más bien como una suerte de zona de densificación laberíntica en la que el tablero de ajedrez ha perdido su característica uniformidad de orden. Se trata de una especie de desorden binario, pero sin renunciar al binarismo. Este des-orden aparentemente desinteresado es, sin embargo, resultado de una operación algorítmica[5], es decir, de ciertas reglas preestablecidas. En este laberinto-QR alguien podría ingresar, también perderse, o incluso pretender gozar ciertos grados de libertad de recorrido, desplazamiento y juego. Configurar, en ese mismo recorrido o sendero algorítmico, luchas, resistencias, emancipaciones y deseos.

Habría que matizar en todo caso, que este código incluye ciertas zonas ciegas, que aparecen a simple vista como inaccesibles o clausuradas, donde podrían mantenerse ciertos elementos indispensables para el funcionamiento del sistema o donde podrían permanecer ciertos sujetos condenados a moverse en círculos una y otra vez. Sea cual sea el caso, estas zonas cerradas corresponden a elementos fundamentales del laberinto-QR, patrones requeridos de posición y alineamiento que sirven para identificar y ubicar el código en el contexto de un plano territorial bajo un scanner.

Pero hay que hacer notar que si bien el código necesita de esas zonas cerradas para identificarse él mismo como-código-QR y su ubicación en un plano, esa ubicación e identificación no hace ninguna referencia al estado-nación de la empresa generadora del código, como sí lo hacía el código de barras. Es probable que esta situación se deba a que el código QR tiene menos utilidad en la identificación comercial de los productos en el plano de la cadena productiva industrial, que en la relación afectiva e informática entre el consumidor-usuario y la publicidad. Una relación afectiva que está posibilitada y mediada por algo que se ha venido a denominar “dispositivo móvil”.[6]

 

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Imagen encontrada en Internet.

Con todo, es importante señalar que entre el código de barras y el QR no existe una relación de sustitución o relevo, sino más bien de coexistencia. Luego de un boom inicial, propiciado por la moda publicitaria y su explotación especulativa de los signos, el uso del código QR no ha desaparecido –como algunos afirmaron-, sino que más bien se estabilizó en su integración a las formas comunes. Por otra parte, el código de barras tampoco desapareció. Hoy, en una misma lata de Coca-Cola o en muchos otros productos, es posible encontrar –al mismo tiempo- un código de barras y un código QR, siendo parte –tal vez- de un código mayor.

Notas

  • Felipe Rivas San Martín es artista visual y activista de la CUDS. Actualmente realiza el Magister en Artes Visuales en la Universidadd e Chile. http://www.feliperivas.com

[1] Wikipedia

[2] European Article Number o International Article Number es un sistema de códigos de barras adoptado por más de 100 países y cerca de un millón de empresas (2003).

[3] Wikipedia. Texto alterado del original.

[4] Esa lectura transdimensional estaría dada principalmente por la posibilidad del código QR de conectar con la dimensión virtual, a través del dispositivo tecnológico.

[5] En su proyecto de Glossa, la artista visual chilena Lucía Egaña define al algoritmo de la siguiente forma: “Conjunto ordenado de operaciones que permite hallar la solución de un problema. Serían instrucciones pre-escritas o reglas definidas, ordenadas y finitas para realizar una actividad mediante pasos sucesivos que no generen dudas. Algunos ejemplos: un tutorial, alguna disciplina, un juego.” Ver on line: http://glossa.lucysombra.org/?p=89

[6] Estamos pensando aquí en la noción de “dispositivo” que Agamben despliega a partir de Foucault. Un dispositivo sería una disposición de elementos heterogéneos configurándose como una red. El dispositivo “tiene una función estratégica concreta y siempre se inscribe en una relación de poder”. Desde esa noción, un “dispositivo móvil” referiría al carácter siempre variable (no estático) de esa red de elementos y –por tanto- de estrategias y relaciones de poder en constante rearticulación.

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