“Ni lágrimas ni culpa” de Zaida González por Diego Argote

 

El siguiente texto fue leído por el fotógrafx Diego Argote en el lanzamiento del libro “Ni Lágrimas, Ni culpas” de Zaida González Ríos, realizado en el Archivo Nacional de Chile el 13 de julio de 2017. Las imágenes que acompañan al texto son parte del libro

 

Yo, la luna menguante,

invoco a los cuatro elementos para que protejan esta mesa y este espacio.

Por la gran Madre.

Por el gran Padre.

Hija de Perra,

Ignacio Contreras,

Yo invoco San Miguel,

novena avenida, Torre 8, San Borja

Cuchillo, Gato chico; mis pequeños hijos

Han pasado 39 años,

y quisiera muchas veces ser Dermestes Maculatus

para salir de la tierra y comer la carne putrefacta de mis enemigos, mutilarlos, devorarlos, desaparecerlos del territorio Latinoamericano, del mundo entero.

Porque han pasado 39 años y la mitad del tiempo; conservadores y moralistas han tratado de borrarme, destruirme, silenciarme, anularme; pronto serán 40 años, y jamás seré dominada-gobernada.

Atardece, y la luz ingresa por la ventana del living, estoy preocupada, me siento agotada, me siento triste, enojada y frustrada.

La luz me baña, me matiza, me habla.

Se aproximan dolencias, las percibo.

Es la enfermedad la que ronda mi mundo, mi núcleo.

Es la enfermedad que circunda mi hoguera. Estoy atrapada. Es un tiempo complejo y oscuro.

“[…] aguante las lágrimas. Se mezcla este sentimiento de emoción y pena que me deja el corazón más bien apretado” (16 de marzo del 2016, Francia).

Políticos, periodistas, personas x, artistas, fotógrafos moralistas han dialogado, me han criticado, atacado con escrituras y vocablos. Han dicho de todo, han basureado los cuerpos de mi familia, han mentido, se han aprovechado de mi otro yo, han saturado la piel, la voz.

 

Y yo, repudio el aprovechamiento social e institucional

asimismo a las ratas oportunistas que son la gran necrosis de este chile dislocado.

Mi cuerpa posa frente a mi cámara, mi cuerpa se manifiesta frente al lente de mi cámara, estoy desnuda, mis montes están al aire fresco ante el mundo; este cuerpo femenil que es mío, sufre y se contenta; es una bipolaridad constituida; ni negativa ni positiva.

Esta fotografía es mi soporte; es mi diario, mi tarot, mi ritual.

Lentamente me voy distanciando del mundo, es mi rostro que se está transformando-transfigurando-transmutando. Es mi rostro la que se torna feroz frente al lente de mi cámara. De esta manera, muestro al mundo mi fisonomía gatuno-gatuna porque no es tan solo mi fisonomía, sino que también de toda mi familia. Es mi máscara la que se hace presente, no me dañes, porque tres veces daño regresa.

 

Es mi cuerpa la que va por las arterias de esta ciudad, es mi ojo mestizo que va fotografiando momentos; captando luces y sombras, los diversos colores, la vida y la muerte.

Soy una observadora, una caminante cavilosa, una merodeadora, una amante del silencio y la invocación. Regreso del trance un segundo, Avenida San Andrés,

Yo, recuerdo a mi compañera que hace un tiempo partió de este mundo, cuantas lágrimas he derramado, cuanto silencio he tenido en mi habitación, cuantos momentos juntas; cuantas miradas cruzadas; y no recuerdo mis besos en tu pelaje.

Me siento culpable de no haberte cuidado de esta brutal sociedad. Tú estás en mi rostro. Regreso al trance. Comparto tu tristeza. Tu memoria. Aprendí a seguir adelante, a luchar, a vivir, a mantenerme en pie, a combatir la norma. No ha sido fácil; seria egoísta si dijera que estoy sola, solitaria no estoy, he perdido amigas, pero no estoy sola, ellas están a mi derecha e izquierda, físicamente y espiritualmente. Tengo un hombre que comprende mi locura, mis tiempos y soledades.

Tengo dos hijos. Aborte los valores del negro-blanco-gris, adopte colores, tonos y matices. Y ya no lloro la muerte del cuerpo, sólo puedo plantar las velas de los años terrenales en ofrenda.

Amo a mis espíritus, me acompañan, dan fuerza, aumentan y enfocan mis ganas de justicia.

Ya no hay lágrimas ni culpas, sólo amor y más energía para aplastar a los demonios que deambulan en esta dimensión.

Inscribo mis momentos en papel, se impregnan en estas hojas, en mi diario que hoy comparto, un fragmento.

Es mi mestizaje hecho libro; es mi memoria plasmada, vivencias; dolores y alegrías; alegrías y dolores. Tornasolada vida.

Anochece, San Miguel, novena avenida, Torre 8, San Borja. Yo sentada junto a mi cuadrada mesa, con mi té y mi cuaderno, miro a cuchillo y gato chico, mi corazón se activa, bombea velozmente, mis ojos se humedecen, mi boca tiembla, mi cabeza vibra, mi piel se enfría.

Anoto en mi diario lo que a mi mente viene, dibujo la escena articulada-desarticulada que se manifiesta en mi dictamen. Siento un ardor. Anoto en mi diario mi tirria, mis abatimientos y mis gozos. Anoto mis conjuros, mis recetas y mis cánticos fotográficos.

 

Porque es aquello lo que constituye toda mi cuerpa Gonzales Ríos. Soy la lectora trovadora, la fragmentaria, la no protagonista, la menguante que se torna creciente y que finaliza llena.

Me despido de ti y del circulo que nos protege: Oh tenebrosidad / Oh luminaria Me despido de nuestras espíritus elementales.

De nuestras amigas espirituales, De nuestra Madre-Padre Cierro este círculo con amor, eufonía y elipsis

Ni lágrimas, Ni culpa.

 

El libro tiene un valor de $15.000 y se encuentra en venta por el correo electrónico: zaidagr77@gmail.com o en la página https://zaidagonzalez.cl/ni-lagrimas-ni-culpa

 

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